jueves, 4 de agosto de 2022

LA BESTIA

«Un diablo de fuego». Foto tomada por el fotógrafo ©️ Charly Soto
durante un incendio en la provincia de Córdoba en septiembre de 2020.

Sentía su presencia en los zarpazos del calor, su respiración húmeda en el sudor que no dejaba de correrle por la frente, su saliva espesa en los engrudos donde se consumían hasta la putrefacción las hojas derribadas por un viento calcinado, y todo su cuerpo viscoso viniéndosele encima con el peso inexorable de aquella columna de plomo que desde las primeras horas de luz descendía sobre la ciudad y la iba moldeando, desfigurando, derritiéndola en un enorme cofre de paredes gruesas e inexpugnables, como si alguien quisiera fabricar una réplica gigante de aquellas figuras que el caballero trataba una y otra vez de poner en pie sobre el campo del honor, sin conseguirlo nunca, mientras el jugador, desde el borde mismo del sueño o de la fiebre, volcado hacia el tablero de cristal oscuro, comprendía que había llegado a aquella noche en que la cifra le obligaba a adentrarse en el cementerio de las imágenes clausuradas y, entre flores putrefactas y mármoles mutilados, hurgar y remover tierras y pliegos hasta encontrar algunas piezas deformes pero todavía útiles para recomponer con ellas, y hasta donde le fuera posible, el nunca preterido rastro de la Bestia, y luego, a modo de conjuro («Arrenégote demo»), fiarlo todo a la eficacia expiatoria de un muñeco hecho con los restos carbonizados que le permitiera salir del círculo infernal de los días sin tregua y recuperar el latido y los rumbos de una vida respirable.

(LUN, 666)

miércoles, 3 de agosto de 2022

El siempre aplazado orden

Habrá que ir pensando en poner orden en el estante de la bruja. Y en los demás, claro. Tareas siempre aplazadas. En septiembre, sin falta, me pongo manos a la obra.

EL CANTO HILADO (10)

Edición en inglés de la más conocida novela de Nikos Kazantzakis,
publicada por Bruno Cassirer, Oxford, 1959.
Zorba el griego, o sea: Vida y andanzas de Alexis Zorba, en su cruce con Loxandra, deja bien a las claras que Cada día es del ladrón, incluida la posibilidad de ver en La resistencia íntima el Ensayo de una filosofía de la proximidad. No conviene olvidar que hay en El rey de las hormigas, con su Mitología personal, una a modo de parodia de la aventura de Américo Vespucio con su Relato de un error histórico. Así que no le deis más vueltas a la tuerca y Contad, hombres, vuestra historia, incluyendo lo que dijo El mendigo y otros cuentos, así como lo aprendido en El camino que va a la ciudad y otros relatos. Siempre hay en El lugar de la espera una ocasión para ver a Cristo de nuevo crucificado, del mismo modo que En la colonia penitenciaria no es posible hacerse El sueco y simular La felicidad de los pececillos con algunas Cartas desde las antípodas.

(LUN, 667 ~ «Desde el Acantilado/ebook», 94-107)

martes, 2 de agosto de 2022

Rosalía, Rosalía

(En voz alta). ¿Rosalía? ¿Rosalía? Pues claro, una de las más conocidas chicas yeyés de nuestra juventud. De la cuerda de Conchita Velasco, grabó antes que ella la famosa canción que definió lo que acaso podríamos denominar los balbuceos de la modernidad pop en la música española. Véanla acá cantando a la lluvia. Ojalá que sea de forma retrospectivamente premonitoria.

Con pesar, mientras buscaba en YouTube alguna de sus actuaciones (hay más: no se priven), me he enterado de que la artista Rosalía Garrido, nuestra primera Rosalía, falleció hace poco, el 10 de septiembre de 2021, en El Campello, donde residía y de cuyo ayuntamiento fue concejal de Cultura por el PP entre 1995 y 2003. Mi recuerdo agradecido. Descanse en paz la alegre muchacha de un tiempo que, si bien leve y aún muy trabajoso, ya anunciaba cambio de clima.


En torno a las columnas de Hércules

(En voz alta). Una buena forma de combatir el calor y tal vez la murria es pasar un buen rato en esta excelente exposición del MAN: además de ilustrarnos sobre hallazgos arqueológicos importantes y no siempre bien divulgados, permite contextualizar con fundamento algunos de los conflictos e intercambios que nos llegan desde nuestra parte africana. Hay piezas muy notables, datos muy precisos, vídeos muy logrados y una colección de monedas cuya contemplación nos introduce directamente en el túnel del tiempo. Merece la pena.

MOLINILLO (work in progress)

Imprentilla de tipos móviles.
          


C I N C
I E S O
S I T E
O C H O
[El niño no tan niño pero aún niño sopló sobre su molinillo de números y letras y en el aire fueron quedando las ráfagas de una pocas frases, tal vez una novela en ciernes…]
II
Con ese sin techo se inició en cien sitios, cosechó centones, costeó tocinos, cosió con tesón seis o siete cestos sin toscos sostenes, se chocó sin coche e incitó con tino, sin chistes ni choteos cínicos, cesiones en tesos sin censos, en chiscones tochos, sin costes ni cinchos, sin incisos tensos, sin chinos ni chotis ni chetos, sin tintes cochinos, sin cohetes, sin coitos, sin… chitón.
(LUN, 668 ~ «Amo idioma/Molinillos»)

lunes, 1 de agosto de 2022

El "método Rosalía", un viejo truco

(En voz alta: al filo de los días). Lo de Rosalía va para largo, ya te digo. Ahora incluso ocupa minutos de oro en los telediarios y todo el mundo parece estar al tanto, a favor o en contra, de esta chica lista, gran artista, veremos si también resistente. Salvando todas las distancias, el mecanismo interno del supuesto trabajo colaborativo en torno al famoso tema Despechá, utilizado como forma y palanca de su lanzamiento (se cuenta en este interesante artículo), me ha recordado una estratagema similar que utilicé en algunos cursos de comunicación para directivos que impartí en el pasado, trabajando para la consultora Psycsa. Era un breve curso de nociones básicas y ejercicios prácticos para mejorar las habilidades de comunicación. Y entre los "juegos" que solía utilizar para trabajar en equipo con los drectivos y otros trabajadores estaba lo que llamé el Taller del soneto de la comunicaciòn. La cuestiòn era muy sencilla: tras explicar la estructura de la estrofa y dar algunas pistas sobre su intríngulis, les proponía a los alumnos la tarea de componer entre todos un soneto sobre la comunicación. Por parejas o individualmente (según el número de alumnos), deberían esforzarse en hacer un verso con la únicas condiciones de que terminara en una palabra previamente sacada al azar de una bolsa y cuyo contenido tuviera, de una u otra forma, algo que ver con las cuestiones referidas al contenido del curso. A partir de ahí, se ponía en marcha un proceso de mayor o menor interés, pero por lo general con muy buena aceptación: se trabajaba durante un rato de forma separada y finalmente, en equipo, se analizaban los resultados y se afinaban hasta lograr tener una composición "legible". Era curioso observar los rostros de gran satisfacción cuando se llegaba a conseguir una pieza que tenía cierta gracia y que, como cabe suponer, era básicamente un texto ya prefijado en sus rimas (las palabras de la bolsa eran los finales ya rimados), términos además que, en su mayoría, enunciaban características que debería tener un buen comunicador y cuyos ajustes de ritmo o contenido, así como su orden, se podían "negociar" y afinar muy fácilmente con sólo dirigir en una dirección u otra la conversación y proponer soluciones posibles. Al leer ahora cómo se ha ido fraguando el Despechá de Rosalía me he acordado de aquella experiencia y de hasta qué punto la ilusión de participar en la creación de algo (y en el fondo hacerlo) es en sí misma un gran estímulo y por tanto multiplica las posibilidades de éxito.