viernes, 5 de abril de 2013

El abrazo



Vuelvo a ver por enésima vez Matar (a) un ruiseñor. Toda la película está llena de delicados momentos memorables, de un tipo de sugerencias que, en la historia del cine, solo el blanco y negro es capaz de provocar con tanta intensidad y precisión. Como si las imágenes, desprovistas de otros colores pero llenas de matices, percutieran directamente sobre una zona concreta del cerebro que acaso esté ahí desde los tiempos del fuego en la caverna. Un reducto de emoción primaria o primitiva, pura, sobre cuya persistencia, más que pensamiento o proceso racional alguno, parece estar actuando una suerte de instinto moral de la especie. La llamada inaugural de lo que tal vez seguimos considerando la esencia de lo humano, aunque sea cada vez más difícil identificarlo con exactitud en tiempos desalmados como los que vivimos. De entre las muchas imágenes sensibles de este filme prodigioso, siempre me alcanza de forma especial la secuencia del abrazo de buenas noches y clara alegría que Atticus Finch le da a Scout, su hijita (y el diminutivo es sobre todo marca de intimidad), de cuya mirada uno acaba tan enamorado como de la integridad heroica del padre (minuto 1:05 del vídeo). Ese gesto me parece el centro mismo de la inacabable ternura, belleza y valentía que recorren la película. Más allá de las palabras que explican la metáfora principal enunciada en el título, el abrazo de Atticus y Scout muestra de qué fibra está hecho el corazón del ruiseñor. Y dibuja con un trazo muy profundo los vínculos fraguados al amparo del inmenso poder de la inocencia. Hoy, cinco de abril, es un día oportuno para recordarlo.

(Para Clara)

jueves, 4 de abril de 2013

Por alusiones


Qué le vamos a hacer: uno, como el maestro Forges (qué lujo), también es del Athletic. Pero no sé si sactamente sagerao... 

miércoles, 3 de abril de 2013

La realidad


El último episodio inédito de Black Mirror ha llegado a la Moncloa (perdón, a Génova). Lo llaman rueda de prensa y no lo es. No pasa de ser un busto parlante y no hay prueba alguna de que no sea un teleñeco. Lo dice bien claro: «No se trata de ocultar, ni de trivializar, etc...»  Es solo televisión. La última, más refinada y olorosa forma de telebasura. Es lo que hay.

Imagen tomada de elpaís.com

martes, 2 de abril de 2013

Inundación

El «pantano nacional». La imagen corresponde a las inundaciones de Valladolid, pero refleja bien otras realidades que no dejan de invadirnos.
Foto: César Manso (AFP)

En el ránking de escándalos con que un día sí y otro ya te digo nos amanece cada mañana, no creo que ocupe un lugar muy destacado el de las papeleras que desde 1977 han estado amañando el precio de los sobres electorales, para repartirse el negocio a costa del erario público. Sin embargo, su poder corrosivo y desmoralizador es enorme. Significa, ni más ni menos, que la ambición de emplear en provecho propio los recursos del común no conoce límites, y hasta los medios materiales por los que se expresa la voluntad popular han sido objeto de fraude. Se habla y se escribe mucho estos días sobre la necesidad que tienen los partidos de refundarse y sobre la imprescindible regeneración de la vida política. Incluso circulan por ahí, de mano en mano, algunos manifiestos. Tal como se están poniendo las cosas, habrá que ir pensando en refundar la propia «realidad». Aunque, bien mirado, ¿no tienen la impresión de que es ella la que se va recreando sola, ajena a nuestras voluntades, a nuestra capacidad de comprensión, y que no cesa de invadirnos, de inundarnos, de arrollarnos? Qué perplejidad, la realidad, menuda papeleta. Seguro que también está trucada.

viernes, 29 de marzo de 2013

Sobre huellas ajenas


(Tres pasos)

Si tú te desvaneces
se desvanece el mundo.

Cuando tú te hayas ido
no cantarán los pájaros.

No la toques ya más:
tu suerte es la extinción.



(Palabras al borde de la primavera 
que sobrevuelan el viernes santo: Stabat Mater...)



jueves, 28 de marzo de 2013

A modo de ruinas romanas



(Péplum del tránsito del jueves al viernes santo)

Música propicia para tiempos convulsos
el estruendo nos gana por la mano
se apodera en las sombras de la tarde
de la fuente que guarda los secretos.
Y mientras ruge el agua y los tambores
desangran con su voz la luz cautiva
las palabras sencillas arden arden
y vuelan hacia el cielo las pavesas
de su lenta y perpetua combustión.

Música para tiempos convulsos
nos gana por la mano
en las sombras la tarde
fuente de los secretos.
Ruge a los tambores
su voz de luz cautiva
las palabras sencillas
vuelan el cielo
de su lenta combustión.

Música convulsa
por la mano
en la tarde
y la fuente.
Los tambores
su voz
sencilla
el cielo
su combustión.

Música
por la
tarde
fuente.
Tambor
voz
sella
cielo
su son.






miércoles, 27 de marzo de 2013

Canon AC


OH, CON ESA MÚSICA NACÍ: SUMAS EN OCHO

Para A.C.G, que pulsó el primer acorde.

[AJR, 8:29 - Palíndromos ilustrados, 15]