viernes, 18 de junio de 2010

Saramago se escapa al otro lado


En su casa de Lanzarote («no me sacan de allí ni a tiros», me dijo un día en la Feria del Libro), en la ardiente cercanía del Timanfaya y no lejos de las tierras calcinadas que dan vinos dignos del paladar de Shakespeare, ha muerto José Saramago, el escritor portugués que, después de Pessoa y en su estela, más ha logrado acercarnos al alma lusa y, por afinidad, a nuestra propia alma.

No he leído todos sus libros, ni todos los que he leído me gustaron. Incluso alguno (especialmente los diarios isleños) me pareció que contenía gestos poco acordes con su rectitud moral, y actitudes quizás nacidas de una rara confusión en quien demostró poseer una gran lucidez sobre sí mismo.

Pero muy por encima de esas percepciones (sin duda discutibles), se elevan las felices horas de lectura que me han proporcionado obras como El año de la muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra, Memorial del convento o el estremecedor Ensayo sobre la ceguera..., jalones junto a otros de una trayectoria que le sitúan en un lugar privilegiado, aunque no siempre nos inviten a volver.

Descanse en paz el hombre que luchó hasta el final con convicción por sus ideas. Y larga vida a su mundo alucinado, fantasioso, meditativo, punzante, pesimista y real, a ese territorio milagroso semejante a un iceberg poblado de raras flores que fue capaz de construir con sus palabras.

Fotografía: Saramago en Playa Quemada, en Lanzarote. Foto © Pedro Walter, tomada de elpais.com

He aquí una muestra de una faceta menos conocida del escritor: una historia animada basada en un cuento suyo y en la que él mismo aparece como personaje.


4 comentarios:

Navajo dijo...

Envidiable mutis.

Antonio del Camino dijo...

Al otro lado, sí; pero su palabra queda en éste. Descanse en paz.

Luisa Arellano dijo...

Qué delicia el cuento. Gracias por acercarnos esta faceta que no concía de Saramago, en este día de tristeza por su pérdida.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Navajo, Antonio y Luisa. Abrazos.