jueves, 26 de noviembre de 2009

Vecinos


La concesión del Premio Nacional de las Letras a Rafael Sánchez Ferlosio se mezcla en las ventanas de la Red, y en el papel impreso, con la muerte de Amparitxu Gastón, la viuda de Gabriel Celaya. Ambos tres (como diría mi amigo Pablo) compartían al menos una condición: la de ser vecinos de La Prospe, el barrio de Madrid que más me asombra y en el que vivo desde hace unos añitos.
Don Rafael, ya transformado en todo un clásico (quizás a su pesar), todavía sigue paseando elegante, ensimismado y contemplativo por sus calles, con el bullicio mestizo de López de Hoyos como principal vía de multitudes por donde aún es posible alcanzar cierto aprendizaje cervantino, aunque más escorado hacia las preocupaciones de Rinconete que concernido por las inquietudes del ingenioso hidalgo. No es difícil verlo, a don Rafael, hacia mediodía o en las primeras horas de la tarde, curioseando en las tiendas de los chinos (en lugares como La Nueva Ruta de la Seda, todo desde 50 cts.), a la busca de algún artilugio más o menos exótico o simplemente útil.
Amparitxu frecuentaba, allá por los ochenta, el ahora algo decadente mercado de la Plaza de Prosperidad (se demora su necesaria reforma), las más de las veces en compañía del poeta que definió la poesía como «un arma cargada de futuro», antes de volcar en ella sus postreros impulsos órficos. Componían una pareja que difícilmente pasaba inadvertida. En su casa de la calle Nieremberg, considerada por algunos la Velintonia del antifranquismo poético, puede verse la placa que los vecinos les dedicaron a ambos, con mucho cariño e indecisa redacción.
Pero nunca las causalidades, como tampoco los frutos del azar, crecen sol@s. Me lanzo a la Red a buscar una foto de Amparitxu para ilustrar estas líneas y al primer googleazo caigo en esta emotiva crónica de El País dedicada a la concesión del Premio de las Letras, el mismo que ahora le han dado a Ferlosio, a… Gabriel Celaya. Corría el mes de diciembre de 1986. Ayer mismo, como quien dice.
Por lo demás, este maravilloso invento de Internet nos permite disfrutar, en tiempo real y en casi perfecta sincronía, de documentos visuales como éste. Con herramientas así, es difícil sustraerse a la impresión de que el mundo (nombre con el que JJ Millás, otro antiguo vecino ilustre, bautizó la zona) viene a ser muchas veces un pañuelo.

Fotografía: Amparitxu Gastón, en San Sebastián, en 1999. © Justy (tomada de elmundo.es, donde la imagen se reproduce invertida).

9 comentarios:

Shandy dijo...

Me gustó mucho el vídeo de Amparitxu Gastón. Emociona cuando confiesa ese sentimiento de fuerza que el poeta es capaz de transmitirle aun después de su muerte, y como explica el eriquecimiento que supuso para ambos pertenecer a mundos y clases sociales diferentes, un "señorito" y una obrera.
No siendo de mis poetas favoritos,pienso que Gabriel Celaya debe aparecer en una colección que petenda mostrar todas las tendencias poéticas del siglo XX. Su voz, su poesía social, es testimonio de un momento histórico, marcó una época y una generación.
Alfredo, cierto que esto de los enlaces es una maravilla.
Beixos galegos, que xa me decatei da túa ascendencia e que entendes ben a lingua nai.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Shandy. Comparto tu opinión sobre la obra de Celaya. Tras el agotamiento de un modelo de poesía sin duda demasiado plegada a la pedagogía política y a su acaso inevitable maniqueísmo, intentó otras vías que quizás no han sido suficientemente valoradas. Habría que desempolvar algunos libros. En todo caso, permanece su ejemplo cívico, el impulso que la proyección social de sus palabras y su figura supusieron para tantos en tiempos difíciles.

cristal dijo...

Me emociona leer tu entrada, Alfredo. Me unen a la Prospe lazos fuertes desde niña. Si te digo que de pequeña fui al colegio "Padre Poveda" de Alfonso XIII, que mi madre me llevaba al mercado del que hablas y uno de los cines más frecuentados de mi infancia era el "López de Hoyos" y otro el "Morasol" entenderás la ilusión que me ha hecho saber que he compartido espacio con personalidades tan relevantes de la literatura.
Un abrazo.

manolotel dijo...

Al final descubrí tu comentario a Barral y contesté allí y ahora, correspondiendo a tu animosa charla me dispongo a explayarme (solo un poquito) aquí.

A mi si me impactó la poesía social de Celaya. Hoy parece pretencioso (o ingenuo) que un ingeniero entienda la problemática obrera, incluso podría parecer ridiculo el hecho de poner de manifiesto esa empatía, o el tratamiento familiar entre ambas categorías (había clases), pero habría que situarse en aquella otra época. Un Sr. ingeniero era elite, para cualquier currante. Raramente se cruzaban por el mismo pasillo (y mucho menos se veían en los mismos bares. Yo no digo que me influyera desde la perspectiva política, pero me gustó aquel lenguaje cercano y a la vez transcendente que movía a la acción. Comparada a la literatura oficial, donde, si había critica social era de una manera muy velada, para la gente con inquietudes que pudo acceder a su poesía tenía, lógicamente, que ser todo un acicate.

De su poesía posterior conocí poco y me interesó menos (quizás espera uno leer la segunda versión de lo mismo) pero seguramente, como apuntas, recibió un tratamiento injusto. Yo supongo que fue debido a que su lenguaje poético no se prestaba a esa temática con la misma eficacia y a que había más autores de relevancia en ese campo.

Amparitxu está presente en su poesía de la misma manera que llenaba la realidad amorosa y política del poeta, tan mal tratado en sus últimos años. Una mujer excepcional.

Curioso esto de la coincidencia de efemérides curricular y geográfica de estos magnificos escritores con nombres de arcángeles.

Ya hace tiempo que decidí no almacenar más conocimientos que los de uso habitual. Si me hubiera dejado llevar por el google ya no tendría espacio donde almacenar tanta la información interesante como he llegado a encontrar buscando otras cosas. A veces me pregunto hasta donde llegará la revolución tecnológica y que le seguirá ¿la ecológica?.

Abrazos, prost.

Fco. Javier Ramos dijo...

Un placer el encontrar cobijos tan calidos a estas horas tan gélidas e intenpestivas en la que los padres ojerosos y aítos de llantos de recien nacidos necesitan un sitio para meditar y tomarse tranquilamente una buena ración de bits acompañada de una buenas letras.

Muchos besos Alfredo y enhorabuena por tu blog. Te seguiremos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Cristal, ya te suponía vecina a raíz de tu comentario sobre el Parque de Berlín. La Prospe tiene una larga historia como "barrio ilustrado" y la nómina de personalidades de muy diferentes campos de la cultura que han vivido o viven en la zona es más extensa. Si se tercia, ya habrá ocasión para que salgan a relucir. Gracias por tus cálidas palabras.

Alfredo J. Ramos dijo...

Manolotel, gracias por explayarte. Aunque este formato de los blogs no sea el más idóneo para la tertulia a la antigua usanza (le falta cierta inmediatez y la posibilidad de compartir un adecuado estimulante no sólo virtual), me parece que sí puede cumplir cierto papel para el intercambio franco de pareceres.

Comparto, grosso modo, los tuyos sobre la figura de Celaya, y me gustaría seguir abundando en los comentarios sobre Barral y su mundo. Tal vez lo haga en tu blog, aunque las vías abiertas son muchas y el tiempo reducido.

Estoy completamente de acuerdo respecto a la sensación de desbordamiento que transmiten estas travesías cibernáuticas, aunque cada día hay un nuevo motivo para alegrarse de tenerlas a nuestra disposición.

Hacia dónde puedan llevarnos, no lo sé. No es difícil ser consciente de las luces y las sombras: el debate está abierto en la propia red y es una verdadera "cuestión palpitante" de nuestros días.

En lo que respecta a las artes de la palabra, me parece que la influencia de la red (como en su momento lo fue, por ejemplo, la del cine) está resultando decisiva en muchos aspectos, desde la propia evolución de las maneras de escribir hasta las "nueva realidad" que están configurando. Ya me gustaría tener un dominio mayor de las nuevas y fantásticas herramientas para emplearlas a la hora de explorar las posibilidades expresivas.

En cierto modo, aquí estamos por eso, si bien en mi caso con la impresión muchas veces de que este mundo me pilla con un equipaje más apropiado para otros viajes. Pero, como decían los evolucionistas, la necesidad crea el órgano: y la de crear y comunicarse sigue siendo una necesidad básica, incluso un instinto.

Póngamonos, pues, bajo el lema de aquel famoso grabado de Goya titulado «Aún aprendo» (el del viejecito barbado que avanza decidido apoyado en dos bastones), y sigamos... hasta donde sea posible.

Sobre si tras la revolución tecnológica vendrá la ecológica, cierto sentido del humor me dice que sí: al final, todos "verdes".

Un abrazo, amigo. No tardaremos en volver a la carga.

Alfredo J. Ramos dijo...

Querido Javier, encantado de que la Posada pueda servirte de bálsamo en las nuevas y delicadas ocupaciones que entretienen tus noches. Ponte cómodo que, como bien sabes, estás (estáis) en vuestra casa. Por algún sitio debe de haber algún sonajero...

Alfredo J. Ramos dijo...

También desde una perspectiva asimilable a la de vecino (de hecho, al final cita expresamente a La Prospe), Antonio Lucas, poeta y periodista, retrata a Sánchez Ferlosio en El Mundo como el último “punk”: http://www.elmundo.es/opinion/columnas/antonio-lucas/2009/11/21290639.html