martes, 3 de noviembre de 2009

Uno de los grandes




Hace unos meses, puede que incluso haga ya un par de años, en una de esas mañanas otoñales en que la luz en Madrid es un milagro, vi a José Luis López Vázquez cerca de Los Jerónimos. Iba acompañado de una señora de edad bastante menor que la suya, bien abrigado, muy pulcro, tocado con un elegante sombrero,  y andaba a cortos pasos, con gesto serio, algo avinagrado, inconfundible.

La calle estaba desierta y tentado estuve de acercarme a él para saludarlo: al fin y al cabo su rostro era como el de uno de esos conocidos, o incluso parientes, que uno ha ido viendo, cada cierto tiempo, a lo largo de su vida y con los que siempre es agradable, además de educado, intercambiar una palabra. No me atreví a hacerlo porque caí en la cuenta de que en realidad no le conocía y temí que pudiera molestarse. Me limité a seguirlo a cierta distancia durante algunos minutos mientras comentaba con la persona que me acompañaba lo paradójicas que a veces son algunas experiencias.

Aquel hombre formaba parte de nuestras vidas casi desde siempre y creíamos saber de él tantas cosas que en absoluto podíamos considerarlo, como en realidad era, un extraño. No sé cómo hubiera reaccionado. Y ya nunca lo sabré. Tenía fama de tener malhumor (alguna vez dijo que reservaba el bueno para sus interpretaciones), pero no me arriesgué a comprobarlo. Lo cierto es que me hubiera gustado decirle cuánto admiraba su enorme talla de actor y agradecerle  los muchos y muy felices ratos pasados a su costa, gracias a su forma personalísima de estar en escena, con su gesticulación tantas veces desaforada, al borde del desmadejamiento, pero siempre tan humana, tan hispana, tan real, incluso en sus trabajos olvidables.

Repasar la larguísima filmografía de José Luis López Vázquez (más de 250 títulos recoge la página que le dedica la IMDB) es pasearse por buena parte de la más rica y significativa historia del cine español (también, es verdad, tropezar con mucho disparate alimenticio). Para quienes tenemos ya cierta edad, equivale a realizar un recorrido intenso, divertido y algo melancólico por nuestra propia historia.

Ahí están, para confirmarlo, la larga hilera de sensaciones, muchas en claroscuro, que se avivan con sólo mencionar, tal si de una letanía se tratase, títulos como Esa pareja feliz (1951), Novio a la vista (1954), Los jueves, milagro (1957), Tres de la Cruz Roja (1961), El pisito (1959), El cochecito (1960), Plácido (1961), Atraco a las tres (1962), La gran familia (1962), El verdugo (1963), La chica del trébol (1964), Historias de la televisión (1965), ¡Es mi hombre! (1966), Sor Citroën (1967), Los guardamarinas (1967), Peppermint frappé (1967), ¡Vivan los novios! (1967), El bosque del lobo (1971), Mi querida señorita (1972), Viajes con mi tía (1972), La cabina (para televisión, 1972), Lo verde empieza en los Pirineos (1973), Habla mudita (1973), La prima Angélica (1974), Este señor de negro (serie de TVE, 1975-1976), El monosabio (1977), La escopeta nacional (1978) y sus secuelas Patrimonio nacional (1981) y Nacional III (1982); La miel (1979), Mamá cumple cien años (1979), La verdad sobre el caso Savolta (1980), La colmena (1982), La corte del faraón (1985), Crónica sentimental en rojo (1986), Mi general (1987), Todos a la cárcel (1993), Los ladrones van a la oficina (serie TV, 1993-1996) o, en fin, quizás la última de sus intervenciones memorables, Luna de Avellaneda (2004), junto con la para mí aún inédita ¿Y tú quién eres? (2007), su adiós al celuloide.

La imagen de López Vázquez, como las de Pepe Isbert, Fernán Gómez, Gracita Morales, Agustín González, Rafaela Aparicio, Luis Ciges, Manuel Alexandre o Tony Leblanc (por sólo citar los primeros nombres que me vienen a la cabeza asociados a su figura), está tan ligada a la gran pantalla de nuestras vidas, que va a ser difícil creer que de verdad haya podido marcharse de puntillas en este día de difuntos.

Adiós, grandísimo cómico, inmenso hombrecillo trágico, tierno y desbaratado personaje de tantas historias como han retratado, con ingenio y desenvoltura, la picaresca y las picardías, los gozos y miserias, también el esperpento inagotable y la honda negrura, de este rincón soleado del mundo.

Una antología de fragmentos de sus películas (vía Youtube) puede verse en este especial que le ha dedicado elmundo.es. Interesantes comentarios sobre sus interpretaciones se pueden leer en la página web de El Criticón.


Fotografía: EFE.

8 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Alfredo, como bien dices, era como de la familia. Y aunque en algún momento le tocó aceptar más de una película que, seguramente, él mismo hubiera rechazado (si no fuera porque también los cómicos tienen la fea costumbre de querer comer, vestirse y dormir bajo techo), hay un buen puñado de títulos que, por sí solos, lo pueden colocar entre los grandes.

Entre los muchos aciertos de tu daguerrotipo, destaco especialmente este fragmento: "Lo cierto es que me hubiera gustado decirle cuánto admiraba su enorme talla de actor y agradecerle los muchos y muy felices ratos pasados a su costa, gracias a su forma personalísima de estar en escena, con su gesticulación tantas veces desaforada, al borde del desmadejamiento, pero siempre tan humana, tan hispana, tan real, incluso en sus trabajos olvidables", que, creo, tan bien lo define. Descanse en paz.

Un abrazo.

elgatoquemuge dijo...

Como voz de otra generación, que vio la obra de Vázquez desde otra edad, y a bien seguro con otras sensaciones, rescato del recuerdo la originalidad y maestría de aquella interpretación en "La Cabina", terror en medio metro cuadrado.

Además de esta, este mismo verano me deslizé sobre una de las butacas del Cine Doré para disfrutar de "La prima Angélica".

Esta película me impresionó, la interpretación de un José Luis adulto emulando ser el niño que fue, y que quedo atrapado en su interior, me pareció fascinante. Tanto que inclusó pensé en lo injusto que es que aquél título, junto a otros, no hayan sido reconocidos como algunos más ramplones del cine italiano. Pero ese es otro asunto, y creo que ahí entra en escena cierto complejo.Ya sabemos que hasta la cocina italiana se vende mejor que la española.

Alfredo J. Ramos dijo...

Así es, Antonio. Álex de la Iglesia, en su recuerdo de hoy, lo vinculaba con su propio padre. Y en cuanto a las películas olvidables (incluidas algunas de las que citaba) a veces son útiles para entender también de dónde venimos, aquellos años sesenta y principios de los setenta sobre los que a veces se fabula tanto, ¿no te parece? Gracias por la visita.

Alfredo J. Ramos dijo...

Qué bueno, querido gato sigiloso y rumiante, ese interés tuyo y presumo que joven por una historia cinematográfica sobre la que a veces se impone el tópico, es decir el prejuicio. Aparte de las que citas (La cabina fue todo un hito de la ficción televisiva), las películas de los diminutivos, junto con Plácido y El verdugo, son palabras mayores de nuestro cine. Y las de Saura ejemplifican con gran capacidad poética el trasfondo mental y moral de la España del tardofranquismo, al igual que los desternillantes y esperpénticos (a fuer de realistas) retratos de la trilogía "Nacional" en la que volvió a trabajar a las órdenes de Berlanga (sobre todo las dos primeras, la escopeta y patrimonio). Mi querida señoriiiita (como diría Gracita Morales), es una obra impar, además de un prodigio de interpretación. Tengo respecto a ella sensaciones contradictorias, que no vienen al caso. Por mera sintonía "animal", y quién sabe si también geográfica (supongo que sabrás hacia dónde cae «el país del millón de vacas», tú que dices mugir), tal vez te pueda interesar especialmente, si es que aún no la has visto, El bosque del lobo,un cuento fantástico que recrea el mito del lobishome con mayor solvencia que otras versiones posteriores. A mí me gustó también mucho el papel de gallego transterrado que JLLV interpretó en Luna de Avellaneda. Y estoy deseando ver su último trabajo, con el alzheimer como telón de fondo. Supongo que el óbito dará pie para que en las televisiones se multipliquen las oportunidades para revisar tan extensa filmografía. Y, además, siempre nos quedará el DVD. O, como apuntas, la posibilidad de "deslizarse" (a ser posible con elegancia felina) sobre las butacas del Doré, curiosamente situado frente a la casa donde nació el actor. Muy interesantes tus comentarios, incluida la denuncia de la bobaliconería nacional. Gracias por pasarte y dejar huella.

Alfredo J. Ramos dijo...

Ayer pude ver la última película de JLLV, ¿Y tú quién eres?. Aunque hay en su interpretación, y en la de Manuel Alexandre, algún chispazo de genio, me pareció una obra pseudopedagógica completamente olvidable. Se ha sabido ahora también que López Vázquez interpretó a Gaudí en una especie de documental que nunca llegó a las pantallas. La filmoteca trabaja en su recuperación.

Antonio del Camino dijo...

Alfredo, coincido contigo. Para mí, la película fue toda una decepciòn. Esperaba más. Salvo algunos momentos de M. Alexandre y poco más. El guión y resto de interpretaciones, bastante flojo.

Eso de Gaudí sí podría ser interesante. ¿Se sabe de qué año puede ser?

Un abrazo.

cristal00k dijo...

Pues todo un referente de nuestro imaginario cinematográfico era el actor.
Tal como dices, hasta en sus trabajos más olvidables había calidad en sus interpretaciones.

Estaría bien ver ese Gaudí. A ver si hay suerte y lo recuperan.
Buena reseña Alfredo.

Abrazos

Alfredo J. Ramos dijo...

Antonio, la película sobre Gaudí fue rodada en 1974. En este enlace de El País tienes información amplia: http://www.elpais.com/articulo/cultura/ultima/sorpresa/Lopez/Vazquez/elpepucul/20091105elpepucul_4/Tes

(Alguna vez supe cómo se podían poner directamente enlaces en los comentarios, pero...)

Cristal, graciñas.