domingo, 31 de octubre de 2021

LAS COSAS DE NOSTRA (7)

ALGUIEN ANDA DICIENDO POR AHÍ QUE LA QUE SE AVECINA VA A SER GORDA Y QUE NOS VAMOS A ENTERAR, COMO SUELE DECIRSE, DE LO QUE VALE UN PEINE…

Retrato de anciano en dos tonos.

Otro lugar que le gusta bastante a Nostra es la terraza de ‘La Barbacoa del Parque de Berlín’. Suele pasarse por allí algunos fines de semana, aunque con más frecuencia se entretiene dando pedales en los ciclos estáticos de la zona de gimnasia para viejos. Fue allí donde le oí recitar, casi a ritmo de rap, la siguiente perorata: «Alguien anda diciendo por ahí, queridos escuchantes y mirones de todos los sexos y apetencias, que nos acercamos a otra guerra. No sé. Tengo la impresión de que ya se están librando feroces batallas. Y, según dice mi afín El Teclas, en la DeepNet sobre todo. Aunque rescoldos de ese combate, según me dice también él, a veces emergen en forma de apagones, pandemias, carencias, inflaciones, desconciertos.. ¿Qué se disputa? Lo de siempre: la usura insaciable de lo que lo tienen todo pero quieren más. Tal vez alguna quimérica “poción” de vida eterna. Sin olvidar el infinito gusto endemoniado de apalear carne, neuronas, sueños. El “enemigo”, además, juega con el factor sorpresa: la inconsciencia o ignorancia del común. Y el narcisismo de los iniciados. No sólo está en juego la libertad de las conciencias, sino el hecho mismo de que algo digno de tal nombre siga siendo posible. Pero no tengo ninguna duda: vencerán los hijos de la luz…; eso si, después de pagarla a precio de vellocino. Al fin y al cabo, las causas más audaces y elevadas se dilucidan en los pequeños detalles. Y en definitiva, oídme bien amigos y amigas, sobre todo amigas y también vosotras, oh almas cantarinas y de cántaro, no perdamos el oremus ni demos pábulo al escalofrío porque el final está aún por escribir… ¿Quién se paga una birra?». Dicho lo cual, Nostra se vino derecho hacia mi mesa, dispuesto a echar el resto de la tarde en una sosegada y transparente contemplación. Ya somos dos en el alambre.

sábado, 30 de octubre de 2021

Ser segundo y feliz

(En voz alta). Probablemente sea el mejor texto que he leído hoy después de un día de muchas lecturas. Una carta a la directora de El País con un relato sencillo y verdadero.

COMALA ENTRE LA NIEBLA (O EL SECRETO)

Ciudad Irreal. Foto AJR/21.
Entre las tribus iberienses, a uno y otro lado del Orbe, se extendía la impresión de que los viejos pastores de las esencias cabrunas estaban haciendo trampas. Algunos decían que mixturaban el pienso del ganado con metanfetaminas ovoides de larga duración y amplio espectro para potenciar unas maneras de balidos y aminorar otras. Y otros directamente les acusaban de tener secuestrado en ánforas púnicas todo el soma de las buenas vibras. En realidad, todo se debía a una confusión que acabó demostrándose errónea: su historia había transcurrido en un nudo cuántico de fulguración evanescente (un STsH o suceso trivial sin horizonte) y la inmensa mayor parte de aquello que les causaba tanta desazón y a menudo una euforia incomprensible en realidad no había ocurrido nunca. Ni siquiera ahora que estaba empezando a divulgarse el secreto, pero ya no había nadie —y pudiera ser que nunca lo hubiera— capaz de difundirlo.
(LUN, 942)

viernes, 29 de octubre de 2021

DESDE EL ACANTILADO (IX)

 EL DESTINO DE LA LITERATURA VISTO DESDE EL ACANTILADO (IX, 114-127)

Crepúsculo en los acantilados de Punta de Teno, Tenerife, en enero de 2017.
Foto original de Sebastián Navarrete (retocada).

El huevo de la serpiente, con sus crónicas desde Alemania y las crónicas de Berlín (1930-1936), no ocultó el humo de Bikernau para Roberto Bolaño, antes de pasar por T. Hay que tener en cuenta que este y otros objetos de deseo venían a ser algo así como una forma de correr tras el propio sombrero en busca tal vez de la enciclopedia del crepúsculo. De las conversaciones con Goethe hasta las cartas de Inglaterra, aquellos muchachos conocidos como los perros románticos eran defensores de una poética musical (en forma de seis lecciones) concebida por algún autor como cartas a su hijo en una suerte de tiempo adentro que en realidad era un verdadero crisantiempo, “una trayectoria lírica hecha de riesgo y radicalidad”, en palabras de ASR. (Continuará)
(LUN, 943 ~ Desde el Acantilado)

jueves, 28 de octubre de 2021

ENTRADA EN EL AMANECER...

ENTRADA EN EL AMANECER CON LA SUAVE SALIVA DE LA FELICIDAD

Picasso: Le Rêve, 1932. Col. Particular.

En las cercanías de los trabajos —ella tecleando con fluidez endiablada, él dictando con bastante parsimonia— ya se habían producido coqueteos e insinuaciones, y parecía cantado que algún día sus deseos iban a encontrarse. Fue la ocasión un atardecer, ya bien entrado del verano y cuando la ciudad empezaba a ser una algarabía prometedora y abierta a todo tipo de ensoñaciones y periplos, y sólo unos días después de que, en una reunión con colegas en el Garito de la calle Jardines, y mientras bailaban en grupo, en un giro se descubrieran casi sin querer uno en brazos del otro y se besaran con intención más que furtiva asombrada. De modo que cuando el merodeo por separado los volvió a juntar, en la misma noche y cerca de la Glorieta de Bilbao, ambos debieron de sentir que aquello superaba los límites de la casualidad y se dispusieron a darle la razón a la música del azar que así ordenaba los hechos.
Fueron a la casa de ella y allí se amaron con una naturalidad tan bien acordada que sus cuerpos parecían saberse el uno al otro más allá de las voluntades, arrebatos o torpezas. «Esto me lo imaginaba así, pero de esto no tenía ni idea», se decían, mientras iban explorando rincones, acariciando montículos y pliegues, ensayando uno dentro del otro ondulaciones y vaivenes que les llevaban del suspiro a la ternura y de esta a la confusión de huecos, al frenesí corporal y a las palabras duras e interminables de sus deseos más inocentes y salvajes, y, por fin, a un sueño resbaladizo y saciado, si bien interrumpido por el calor excesivo de la noche de julio, hasta el punto de que fueron a continuar durmiendo en camas separadas.
Poco después de amanecer, según me contó él, ella se acercó y, «con suave saliva y una calidez propia de ese alma sensible que mi amiga siempre llevaba por delante», hizo con su lengua un recorrido suave y minucioso de todo su cuerpo, y fue luego a demorarse en el glande y al parecer lo hizo con tanta sabiduría que, me comentó también él, retórico y buen lector, aunque algo hiperbólico, «desde entonces cuando oigo hablar de literatura oral no puede dejar de sentir un cosquilleo que me llena todo el cuerpo de una alegría rotunda, vibrante y contagiosa».
Su historia no fue más allá, pero siguieron siendo fieles compañeros en las cercanías del trabajo, ahora ella dictándole con cierta parsimonia y él tecleando rítmico y ligero como el que toca el piano o pasa la mano demorada y segura por los cabos, golfos, entrantes y escolleras de una espina dorsal.
Así eran las cosas del amor en el verano de, tal vez, el 86. Ayer, como quien dice.
(LUN, 944 ~ Las musas de Macías)

miércoles, 27 de octubre de 2021

ASUNTOS PROFUNDOS

(De la crónica del día con los Merluzos en acción)
—Buenas.
—Buenas.
—¿Cómo está?
—¡Pues anda que usted!
—¡Vaya! No lo imaginaba tan suspicioso.
—Bromeaba. Como el chiste.
—Ah, ya.
—Pero vaya palabro que se ha inventado.
—¿Quién, yo?
—Eso de suspicioso…
—¿Qué le pasa?
—Querrá decir suspicaz, ¿no?
—¡Bromeaba también!
—Ja, ja, somos incorregibles.
—Hay que andar listos.
—Y estar a la que salta.
—Oiga, usted…
—Diga: mis pabellones están abiertos.
—… usted es gallego, ¿verdad?
—No exactamente, pero para el caso...
—¿Qué caso?
—Ah, eso usted sabrá. Como pregunta…
—Era por lo de la jueza de…
—¿La de Marbella?
—Si, ya veo que está al tanto.
—Y tanto.
—Hay que ser muy bruto. O sea, bruta…
—¡Ya le digo!
—… para despreciar de eso modo a la Galicia profunda.
—Más que nada “inorancia”, falta de “concetos”…
—Jaja, ¡qué bromista!
—Menos mal que me capta la ironía.
—Se la capto y se las “cato”, amigo.
—¡Muy bueno, muy bueno!
—Sabe qué es lo más atinado que he oído sobre eso…
—Aún no, pero falta poco. ¡Ah que sí!
—¡Sí! Me lo dijo un primo. Gallego, claro.
—¿Y profundo?
—¡Ya le vale! Pero sí, de Esgos, en Ourense.
—Ah, Esgos, donde el mosteiro de Rocas y tal.
—¡Eco! Xa vexo que sabe.
—Conozco la zona. La Ribeira Sacra.
—¡Ahí mismo! Pues…
—¿Qué dijo su primo?
—A eso iba. Si no le importa, se lo diré en gallego.
—Claro: versión original.
—Unha xuiza sen xuizo.
—¡Bien visto!
—Bueno, él lo dijo en castrapo.
—¿Castrapo?
—Si, el gallego mixturado con castellano que aún se habla en muchos lugares de la Galicia fronteriza.
—Ah, ¿y cómo lo dijo?
—Unha xueza sin xuicio.
—Bueno, no hay tanta diferencia.
—Las lenguas, que viven y se contagian.
—Hay que procurar hablar bien.
—Y entenderse.
—Sí, eso es vital.
—Aún añadió algo más.
—¿Su primo?
—Sí, le dedicó otra frase.
—A la jueza marbellí.
—Ahí, ahí.
—Diga.
—«Esa muller debe ter auga nos miolos», dijo.
—Ahí me pilla…
—Viene a ser algo así como tener serrín en la mollera.
—Bien mirado, también.
—¿También qué?
—Que también bien visto.
—En qué quedamos; ¿bien mirado o bien visto?
—¡Oiga!
—Le estaba vacilando. No se me amohíne.
—No si ya.
—Tiene su gracia.
—Pues a mí lo que más me ha gustado…
—¡Diga, diga!
—Ha sido un grafiti que he visto en la calle, no lejos de aquí.
—¿Y?
—Esto: «Para Galicia Profunda la que estuvo durante cuarenta años en El Pardo».
—Bien tirado.
—Ya lo creo.
—Hace juego con aquello que antes se decía.
—Se refiere a lo de un fresco…
—… venido del Norte…
—(ambos) … se ha instalado en el centro del país.
—Buena retranca.
—Coña marinera.
—De aquellos polvos…
—¡Estos engendros!
—Pues no se hable más.
—Eso mismo.
—Buenas tardes
—Boas noites.
—¡Adiós!
—¡Condiós!
(LUN, 945 ~ «El retorno de los Merluzos»)

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martes, 26 de octubre de 2021

DESDE EL ACANTILADO (VIII)

EL DESTINO DE LA LITERATURA VISTO DESDE EL ACANTILADO (VIII, 101-113)

«Noche estrellada en los acantilados de Moher». Foto de Max Malloy.


Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski) nos dejaron también sus propias memorias de ultratumba, una cita permanente y siempre pendiente en mi vida, pues no conviene adelantar acontecimientos. Así que, mientras leo una breve historia de Inglaterra y siento el latido de mi Europa, al tiempo que escucho a Johann Sebastian Bach, los días, las ideas y los libros, sin prescindir de los pangolines, unicornios y otros poemas, vienen a ser como la huida del tiempo (un diario) con el primer manifiesto dadaísta y los ecos de otros mundos. Eso es lo que sugiere el contorno del poema, y mi yo más audaz, el equilibrista, suspira por no olvidarse de la educación del estoico mientras elevo unas palabras en defensa del fervor. (Continuará)
(LUN, 946 ~ «Desde el Acantilado»)