jueves, 25 de septiembre de 2014

lunes, 8 de septiembre de 2014

Susurros de otoño

Como otras veces, los primeros síntomas del otoño me llegan envueltos en la voz susurrante de Leonard Cohen, que el próximo día 21 de los corrientes cumplirá 80 años. ¡Cómo nos congratulamos!
Estas instantáneas de Almost Like the Blues, enhebradas en una nueva letanía melancólica, tal vez no añadan nada distinto a las otras muchas voces con las que el poeta canadiense nos ha conmovido y emocionado.
Son, más que nada, una prueba de lucidez resistente. De un saber mirar tanto alrededor como hacia el interior de uno mismo permaneciendo de pie.
Y eso, a estas alturas, ya es mucho. Casi todo.
Casi como el blues con que el otoño empieza a dejarse sentir.




domingo, 7 de septiembre de 2014

Burbujeo


Con lo dura, larga y agobiante que está siendo la crisis económica, parece mentira que un simple dibujo pueda poseer tan alto poder de conmoción. Pero es así. La burbuja inmobiliaria, una de esas bestezuelas segregadas por las ubres colgantes del capitalismo, ha desembocado en un drama tan real y ominoso, que incluso es capaz de desalojar de sus cubículos, y de nuestros remotas memorias infantiles, a las criaturas más inocentes de la imaginación. Ni siquiera el Doner Kebab que, en los bajos, tomó el relevo de la tienda de ultramarinos (o tal vez de la propia portería) ha aguantado el envite. Solo el moroso, en su buhardilla, parece resistirse. Ha desaparecido hasta el resistente gato.

martes, 2 de septiembre de 2014

Quebradas


En forma apenas
visible sólo a cambio
de variar del fulcro su improbable
equilibrio entre el ser
y la urgencia
corporal olorosa
de que todo se ha de ir
corrompiendo y de hecho
madura y se pudre     
sólo así vida mía
alcanzo a darme 
cuenta de dar cuenta
de la inmensa laceria
que gira en derredor
de dentro a afuera
su juego reversible
vale decir el nudo mundo
que medito mientras
veo cómo caen o vuelan
mezcladas con la arena
del reloj las más y más
antiguas emociones
con sus tiernos rasguños
envueltas entre líneas 
quebradas neandertales
y el matojo de flecos
de sueños rumiantes
que mastico y mastico 
como un chamán tozudo
para extraerles eeepa!
la gota de la vida.


(Imagen: posibles muescas neandertales halladas en un roca de Gibraltar.)



martes, 29 de julio de 2014

La fricción de la realidad


Entre esas frases hechas que a menudo se nos vienen a los labios, tal vez ninguna tan certera como la que afirma que la realidad siempre acaba superando a la ficción. Uno puede tener a veces dudas de que sea así. Pero comprobar su certeza es mera cuestión de tiempo. Dos ejemplos recientes lo demuestran. La otra noche, como homenaje al fallecido actor Álex Angulo, busqué en los estantes altos El día de la bestia y pude constatar que no sólo es una película aún viva, con plena vigencia estética y humorística, sino que se ha convertido en una obra clarividente y hasta profética. ¿No estaba latiendo ya en ella una denuncia del (anti)cristo que se nos venía encima? Visto ahora, el filme contiene un aviso evidente acerca del triunfo del mal que han supuesto asuntos tan endemoniadamente perversos como el de Bankia, cuyas torres inclinadas eran en la película, además de la firma y el símbolo del maligno, el lugar preciso de su advenimiento. ¿Y qué me dicen de los parecidos razonables entre Gollum y Pujol? Alguna vez, infelices, pensamos que el escarnio de comparar al avaro enano de El señor de los anillos con el molt honorable prócer catalán era grande, un fruto del mal gusto y de ese prejuicio que tiende a considerar que la codicia es parte esencial del carácter de algunos pueblos. Pero, ay, tal como se van poniendo las cosas, habrá que ir pensando en pedir las disculpas en sentido contrario. La realidad, quizás por la extraordinaria rapidez con que se desenvuelve, acaba friccionando tanto sobre sí misma que engendra mundos sólo comprensibles desde el punto de vista de la más desaforada imaginación.



Arriba, fotograma de El día de la bestia: el padre Ángel Berriatúa descubre fascinado que la Puerta de Europa, por aquel entonces sede de Cajamadrid, es una firma a lo bestia del demonio. Abajo, cartelón de El señor de los anillos: el carrasposo Gollum contempla extasiado el mundo a través de su herencia.

domingo, 20 de julio de 2014

Los estados intermedios

Imagen sin mención de autor. Tomada de El País.

El sueño es otro estrato de la realidad. O, como dice la frase ya clásica, una segunda vida. Y es desde dentro de él, cuando aún no ha acabado pero ya se sabe que su fin está próximo, cuando se inicia de forma más o menos consciente la preparación del salto al despertar. Un extraño momento de «doble lucidez» (tal vez fuera igualmente correcto llamarlo de «doble penumbra»), en el que somos conscientes de estar soñando, aunque buena parte de nuestro cuerpo permanezca dormido, pero siendo percibido o vigilado por una parte alerta de la conciencia que, además, comienza a elaborar argumentos, o esbozos de tal, mediante expresiones capaces de estimular la formación en el cerebro de nuevas imágenes que puedan hacernos entender qué está pasando o, por lo menos (y tal vez sobre todo), qué podemos contar, sobre qué es posible escribir. Esta mañana regresaba a la realidad de la vida consciente como un náufrago (o, rebajando el énfasis, como un bañista en mar menor) que se dejara arrastrar por las olas hacia la playa después de una aventura de la que vagamente recordase haber vivido una situación emocional complicada, incluso un grave peligro. La imagen, aunque de flecos deshilachados (a causa sin duda del exceso de agua), capta bien cierta sensación de zozobra del que está en trance de despertar, aunque ese desembarco que traduce sea un estado del ánimo en el que los acontecimientos (o su materia mental) permanecen bajo control, porque sabemos que la playa y el suelo firme de la realidad ya están al alcance de la mano: será suficiente con abrir los ojos para poner las cosas en su sitio. Me gusta mucho indagar en estos «estados intermedios» (inter-me-dios, curiosa palabra) entre el sueño y la vigilia porque en ellos crecen con facilidad las semillas de las nuevas imágenes. Y no hay nada tan enriquecedor, tan profundamente vital, como una buena nueva imagen, rara avis, y cada vez más, en un mundo hiperapantallado en el que cada día resulta más difícil mirar hacia algún lado que no sea recuerdo.

(Tiempo contado, saliendo de una noche de mediados de julio de 2014)

viernes, 18 de julio de 2014