martes, 28 de febrero de 2017

El astronauta submarino


Como otras veces, antes de empezar a escribir en él, el cuaderno me dice su nombre. Este resulta evidente a la vista del dibujo de la cubierta, que parece sacado de una novela de Julio Verne: el astronauta submarino. Al valorar casi al peso el presunto oxímoron que surge de juntar las estrellas con el fondo del mar, me doy cuenta de su gran poder metafórico. Y, más aún, de su realidad. He aquí una buena definición para la tarea del escritor, incluso del poeta: la de convertirse en un astronauta submarino (¿o tal vez un buzo espacial?), alguien capaz de explorar arriba y abajo, sin olvidar el interior de la escafandra, con la misma actitud de búsqueda y atento siempre al control de la respiración. Darle vueltas.

(Tiempo contado, 9 de mayo de 2015, sábado