martes, 28 de junio de 2016

El espíritu Del Bosque*


Fútbol es fútbol:
noble impulso geométrico
que le inventa al espacio lugares imposibles
un rectángulo enorme
cruzado por la magia
de una esfera ligera como el alma de un niño

músculos adiestrados para que las neuronas
de la imaginación puedan llegar más ágiles
a idear la parábola del cuerpo luminoso

vieja fascinación de la pelota
que va y viene y va
y siempre vuelve
cargada con las alas del aire

misteriosa
promesa que aún mantiene
su corazón de trapo
por más que sean de oro
y piedras florentinas
los humos que la impulsan
y conserve en su vuelo
el viejo don tribal
de las adormideras
y otras sublimaciones

agua sin trascendencia
rito lúdrico
que siempre sacrifica su corazón al dios
de las inmediaciones
con su pequeña histeria
tan oportuna para
calmar ansias mayores

reducto de la gracia soñada o presentida
pasión que engendra bestias
de carga y desafueros
de forofos cegados
por la bilis solemne
y coartada tan útil
de otras mercaderías

pero al fin juego puro
sueño puro pura imaginación
y deporte sublime
si lo animan la afinada belleza
del espacio bailable sacado de la nada
la ilusión que perdura más allá de sí misma
y esa fuerza de grupo
o espíritu Del Bosque
que prescinde de todas las palabras vacías
para hacer de la calma
y del entendimiento
y hasta de la envidiable carencia de
glamour
el método seguro pero provisional
con que llegar al centro de ese azar favorable
en que consiste al fin toda victoria
aunque algunas parezcan
que han sido modeladas
por el sueño de un pueblo
cansado de soñar.
Fútbol es sueño. Y, luego, al despertar,
los dinosaurios, ay, los dinosaurios...


Esta entrada fue publicada, con el título de PostMundial, el 14 de julio de 2010, a las 22:26, con ocasión del triunfo que la selección española de fútbol, de la mano de Vicente del Bosque, obtuvo en el Mundial de Sudáfrica. Hoy, tras la justa derrota del equipo español frente al italiano y cuando los días del gran entrenador, hombre de probada sensatez y ciudadano ejemplar parecen enfilar un cambio de rumbo, creo que es oportuno rescatarla de los arcones de la Posada. Junto a las lógicas, fundadas y asumibles críticas al papel del entrenador, produce algo más que un profundo malestar el vuelo bajo de algunas bandadas de cuervos que se aprestan a convertir en carroña vomitiva de su propia cosecha lo que quizás no hace mucho era pura coba gratuita. No es nada nuevo, pero causa una gran murria constatar que el vicio de la ingratitud y el don del oportunismo siguen estando tan arraigados entre nosotros.  

5 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Excelente reflexión en torno al balompié y sus contradicciones, aprovechando el momento histórico que, como selección patria, nos afecta. El final, redondo.

Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Histórico de verdad, pues ya ha pasado. Lo cierto es que ha sido todo un disfrute recuperar cierto grado de animismo infantil... o lo que sea. Un digno broche para un grupo que ha vuelto a inventar el fútbol y que, además, sin haber exhibido en esta competición su mejor magia, ha dado una lección de "saber ganar" sin necesidad de humillar a nadie. Un ejemplo del que, por desgracia, no parece posible sacar conclusiones que valgan para otros ámbitos. Que bien nos vendría, por ejemplo, un poco del espíritu Del Bosque para la selva política, ¿no crees? Pero ya se ve que no es posible.

Alfredo J. Ramos dijo...

"¿Cabe una aplicación directa de la teoría estructural de los géneros y del binomio prosa-verso pasoliniano al juego exhibido por la selección española? (y no solo en este Mundial sino a lo largo del último bienio). Yo creo que se trata de un estilo intergenérico, con «discursos» de gran peso y coherencia, al estilo del mejor ensayismo filosófico, como los sostenidos por Piqué, Busquets o Xabi Alonso; una poética de gran calado dramático, que pone de relieve un amplio dominio de todas las personas del verbo, tal como hacen Xavi e Iniesta, a veces también Silva; y deslumbrantes destellos poéticos, incluso puros haikús, enunciados por Villa-Maravilla, Pedrito y Navas. El del Niño Torres bien pudiera ser exhibido como ejemplo palmario de romance épico-trágico. Un caso de interés particular, sobre todo desde el punto de vista del desenlace, me parece que es el de Iniesta, que quizás lo deba todo en su carácter a la indudable genética cervantina, facción sancho-panza (curiosamente, la misma que exhiben otros castellano-manchegos de pro, como Pedro Almodóvar o José Bono). Y tampoco podemos pasar por alto la caracterización de Casillas, al que sus milagrosas intervenciones y el cariz marcadamente sentimental de su peripecia convierten en un elocuente ejemplo de clasicismo romántico, con grandes dosis de prosa sensata coronada por un ósculo arrebatado que hará historia. Aún quedaría por escrutar algún posible referente sobre géneros como la ciencia-ficción o la novela de aventuras, aunque me parece que este último está implícito en una de las mayores cualidades mostradas por este grupo de inspirados muchachos: el espíritu Del Bosque, sin nada que envidiar al que poblaba los caminos de Sherwood y otros escenarios memorables."

[Texto de un comentario al artículo «Pasolini, el fútbol y el lenguaje», de Josep Carles Romaguera publicado en la revista digital Fronterad, http://fronterad.com/?q=pasolini-futbol-lenguaje&page=0,0 He aprovechado para corregir algunas erratas.]

Antonio del Camino dijo...

Oportuna entrada y acertada coda. Nada nuevo bajo el sol.

Un abrazo.

Alfredo J Ramos dijo...

Nada nuevo, Antonio. Sólo que, como quien no quiere la cosa, ya tenemos media docena de añitos más... Abrazo.