miércoles, 30 de marzo de 2016

Levedad


No te diré mi nombre
para que no te asustes.
Para que no estés triste
cantaré para ti.
Mi canción es sencilla
como un barco chiquito
que ni siquiera sabe
que sólo es de papel.
No tengas miedo nunca.
Pero si tienes miedo,
toma mi mano, aprieta
tu mano junto a mí.
Yo soy la que podría
curarte de la vida.
Pero a mí ¿quién me cura?
También yo sé temblar.
Yo soy el que vigila
tus ojos cuando duermes
y estoy junto a tu cama
en cada amanecer.
No te diré mi nombre,
quizás tú ya lo sepas.
Los dos sabemos tanto…
¡Ahora toca vivir!

Procedencia de la imagen: © Paula G. Furió



Rescatado de los Arcones de la Posada.
Primera publicación: 8 de mayo de 2009; 22:51.  Hora de verano de Europa Central.

4 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Alfredo, me gusta particularmente este poema, a modo de canción, con esos versos rematados en agudo. También el juego con el género de "la"/"el" protagonista.

Curiosamente, el verso final me ha recordado al final de "Me mente rota", novela de la que hemos comentado algo. Dice su texto: "Amanece. La vida despierta. Una nueva oportunidad de amr, y de arrancar sonrisas, y de sacar el alma por los ojos. Hoy toca vivir."

Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio, por tu permanente atención. Me alegra que te gusten estas "levedades". Otro abrazo.

Lily dijo...

Me recuerda a una madre...o tal vez a un angelito guardián...o a un niño asustado, aunque sea grande...y poeta

Saludos,
Lily

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Lily por la visita y compartir tus vivos "recuerdos".