martes, 29 de julio de 2014

La fricción de la realidad


Entre esas frases hechas que a menudo se nos vienen a los labios, tal vez ninguna tan certera como la que afirma que la realidad siempre acaba superando a la ficción. Uno puede tener a veces dudas de que sea así. Pero comprobar su certeza es mera cuestión de tiempo. Dos ejemplos recientes lo demuestran. La otra noche, como homenaje al fallecido actor Álex Angulo, busqué en los estantes altos El día de la bestia y pude constatar que no sólo es una película aún viva, con plena vigencia estética y humorística, sino que se ha convertido en una obra clarividente y hasta profética. ¿No estaba latiendo ya en ella una denuncia del (anti)cristo que se nos venía encima? Visto ahora, el filme contiene un aviso evidente acerca del triunfo del mal que han supuesto asuntos tan endemoniadamente perversos como el de Bankia, cuyas torres inclinadas eran en la película, además de la firma y el símbolo del maligno, el lugar preciso de su advenimiento. ¿Y qué me dicen de los parecidos razonables entre Gollum y Pujol? Alguna vez, infelices, pensamos que el escarnio de comparar al avaro enano de El señor de los anillos con el molt honorable prócer catalán era grande, un fruto del mal gusto y de ese prejuicio que tiende a considerar que la codicia es parte esencial del carácter de algunos pueblos. Pero, ay, tal como se van poniendo las cosas, habrá que ir pensando en pedir las disculpas en sentido contrario. La realidad, quizás por la extraordinaria rapidez con que se desenvuelve, acaba friccionando tanto sobre sí misma que engendra mundos sólo comprensibles desde el punto de vista de la más desaforada imaginación.



Arriba, fotograma de El día de la bestia: el padre Ángel Berriatúa descubre fascinado que la Puerta de Europa, por aquel entonces sede de Cajamadrid, es una firma a lo bestia del demonio. Abajo, cartelón de El señor de los anillos: el carrasposo Gollum contempla extasiado el mundo a través de su herencia.

4 comentarios:

Fernando Ramos dijo...

Ojalá se diera, en estos y otros casos, esa gran fricción de la realidad que de cuando en cuando sucede y llamamos "justicia poética". Y como justicia no hay, dejo la poética a gusto de la imaginación del lector.

Navajo dijo...

Espero que al final la bestia no sea Rato o, aún peor, el melifluo Blesa ¡Qué decepción! Por no hablar del trauma que sufriría Rosemary cuando le viera el careto al padre de su bebé. En efecto, la realidad supera a la ficción pero, no nos engañemos, es mucho más cutre: no creo que en una ficción nunca lleguemos a ver al maligno paseando en un Ferrari de segunda mano.
Por cierto, en otro orden de cosas, me congratula informarte de que los navajos están volviendo, poco a poco, a la reserva.
Un abrazo y feliz verano.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Nando. Imaginemos, pues (aunque el calor nos lo ponga difícil).

Alfredo J. Ramos dijo...

Gran noticia, querido Navajo. Feliz verano para ti también.