viernes, 29 de noviembre de 2013

Eco de Doce



Tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan.
En el sueño escribía al compás de una campana 
que escuché en mi infancia. Eran tiempos en los que todo estaba tan vivo que nada turbaba la sorpresa continua del instante.
Aunque sabemos que nunca existió una hora así.
Pero vivimos de ese eco. De su infinita resonancia.
Y de unas pocas palabras que alguien dijo
«cuando el mundo se convirtió en el mundo».



Para Jordi Doce, de un lector agradecido.


[AJR, 3:9; Palíndromos ilustrados, XXXI]