lunes, 14 de octubre de 2013

La cal


Cuando yo era niña, todos los veranos se jalbegaban las paredes. Recuerdo los preparativos de los cubos  y los escobones, las ropas viejas y los trapos usados que servirían para que tan laboriosa tarea pudiera realizarse sin ponerlo todo perdido. Y me acuerdo, sobre todo, de la blancura desparramada a brochazos sobre los muros ásperos, del milagro de aquella masa espesa que sabía arrancarle a la luz un fulgor nuevecito. A veces pienso que lo que en mí aún sigue vivo lo está gracias a aquel deslumbramiento. Cal viva. Cuando oigo estas dos palabras me estremezco. Pero no por lo que ustedes, tan vivos, quizás estén pensando. Sino solo porque lo único que me mantiene unida a este mundo es el gesto de esa mujer que cada año, cuando va a comenzar el verano, viene y jalbega mi sepultura. Y luego renueva las flores.


 Foto, by Pepe Gutiérrez
Publicada con permiso del autor.

4 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Buen micro, Alfredo; nuevamente encabezado por ese palíndromo tan sencillo como efectivo. El giro final viene da a la historia un toque de inquietud y "luminosidad" que la refuerza.

Abrazos.

PEPE GUTIERREZ dijo...

Un placer que sea una foto mía la que ilustre tan bello y sentido texto.
Para el que quiera saber donde está realizada esta instantánea, decir que fue en un pueblo precioso llamado Alcalá del Júcar, uno de los mas espectaculares y pintorescos de la provincia de Albacete. Pepe Gutiérrez.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Ya tenía yo ganas de utilizar, de nuevo y con propiedad, la palabra jalbegar (la RAE la considera ya en desuso y remite a enjalbegar. Pero en lo tocante a la memoria, la exacta es la otra, me parece). Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a ti, Pepe, por la excelente foto. Me costó dar con ella; pero nada más verla, lo tuve claro. Y qué curioso que sea de Alcalá (de Júcar): el nombre es casi un anagrama del suave palíndromo que da título al microrrelato. Al elegirla no lo sabía. Todo encaja. Estupendo lugar, por otra parte, un verdadero oasis en La Manchuela albaceteña. Un abrazo.