sábado, 8 de junio de 2013

Hay Q x 3




«¿Qué es haiku?» dices
mientras tus ojos dejan
este charquito.

*

Haikú es una
sombrilla japonesa
de sol, de agua.

**

¿Haikú o haiku?
Tú pones el acento.
¿Lastima?  ¡Lástima!


Imagen tomada de aquí.

5 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Haikús redondos.
Tres tigres sin tristeza.
Triduo de luz.

Abrazos.

Antonio del Camino dijo...

Escrito el comentario, y volviendo al segundo haikú, se me ocurre: ¿el tercer verso no sonaría mejor anteponiéndole la preposición "de" al agua: de sol y de agua? De esta forma, al menos en mi lectura, evito la sinalefa y-a gua, reduciendo el verso a 4 sílabas.

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Sólo por dar ocasión a una respuesta así (la primera), merece la pena el envite. En cuanto al comentario técnico, tan pertinente, te voy a hacer caso, pero sólo en parte. Creo que tienes razón en lo de que el añadir una sílaba más duplicando el "de" redondea la sonoridad al contrarrestar la más que posible sinalefa que surge del encuentro de una vocal "débil" (y=i) y otra "fuerte" (a). Pero también me parece que de ese forma se hace más pesado el verso. O, por decirlo de forma gráfica, es como ponerle una varilla más a la sombrilla, de modo que acaso acabe perdiendo ligereza... Ahora bien: tu sugerencia me vuelve a poner delante de los ojos un problema que me había planteado al escribir este haiku y que, no sé bien por qué, dejé de lado y sin solución. Mi idea era que en el haiku, armado en torno a la imagen de la "sombrilla japonesa", tomada como intencionada definición del género, estuviera muy presente la marca o referencia estacional que según la tradición clásica debe tener todo haiku; y más aún, de forma clara, quería que la sombrilla evocara simultáneamente, su condición de "paraguas" y de "parasol", de modo que la imagen cubriera un amplio campo atmosférico; es decir, los dos escenarios complementarios y en cierto modo extremos en que cabe situar ambientalmente una escena. Incluso manejé en algún momento la posibilidad de que el tercer verso fuese un heptasílabo ("para el sol, para el agua"), pero me parecía que, además de caer ya en lo obvio, se saltaba la convención del número de sílabas, lo que a tratarse de una definición resultaba especialmente grave. Pues bien, tu sugerencia me abre el camino hacia una solución que creo idónea, y que consiste en convertir el tercer verso en un frase de aposiciones ("de sol, de agua") que viene a ser como una bifurcación que permite pensar a la vez en un parasol y en un paraguas. Y aunque el problema de la sinalefa posible tal vez siga existiendo, convendrás conmigo en que el encuentro entre "e" y "a", al tratarse de dos vocales fuertes, aguanta mejor el hiato y hasta lo sostiene. En fin, me parece que me ha salido una prolija explicación, no sé si del todo comprensible, pero te confieso que también apasionante. Y, por supuesto, discutible. De momento, aplicaré esta solución, aunque naturalmente estoy dispuesto a revisarla. Una última precisión, prescindible, pero que me apetece hacer: creo que el hallazgo fundamental, si alguno hay, en este triduo es justamente la expresión "sombrilla japonesa". En un contexto poético (ya que la expresión funciona también como una frase hecha) la leí por primera vez en un cuadernillo del poeta modernista Isaac del Vando Villar, hoy casi completamente olvidado. A cada uno lo suyo. Gracias por tan atenta lectura, Antonio. Un abrazo.

virgi dijo...

Bécquer en Oriente.
Genial.
Besos besos

Alfredo J. Ramos dijo...

O sólo en un jardín... japonés. Gracias Virgi.