jueves, 7 de febrero de 2013

Mal de fondo

A. M. en L. P.  Al fondo, el Teide. © AJR, 2013

Si percibes la nada, ¿eres la nada?
Si oyes la estupidez, ¿no eres estúpido?
Al ver volar, ¿puedes alzar el vuelo?
Si piensas, ¿sabes en qué estás pensando?
Miro las aguas quietas sobre el día inmóvil
y siento su caudal anquilosado.
No son heridas las grietas de la tierra
ni el mundo es un problema intestinal.
Sólo que todo lo que rechina o aúlla
o bulle en el silencio de la noche,
lo que remueve el campo de maíz,
lo que repta debajo del asfalto,
toda esa melodía inarmoniosa,
menos que música pero más que ruido,
está buscando un quicio en que apoyarse
para girar y darle la razón
al filósofo escuálido, al greñudo
anacoreta de dientes cenicientos,
que sonríen al ver cómo se curva,
se pliega sobre sí, la sombra oscura
hasta que nada escapa a su dominio.


7 comentarios:

Carlos Medrano dijo...

La penumbra, ¿es luz u oscuridad? Es un estado, no una categoría moral ni su inmediata realidad lo es más al verla desde el juicio.

Por otro lado, ¿hasta que punto somos lo que vemos? Leemos 'Masa' de César Vallejo y sentimos, hasta somos lo mismo que expresa este poema. O lo mismo nos sucede ante un relato magnífico cualquiera, o una pieza musical, una pintura, las palabras de una conversación...

A la vez, nunca somos nada de otras realidades desagradables o desgarradoras que contemplamos y suceden delante de nosotros. Así de claro. Para qué nombrarlas sin que nos repugnen o vuelvan a removernos. Y no es escapismo silenciarlas ahora. El mundo que construimos está en la atención de lo mejor de lo que valoramos, sólo eso. Basta con no potenciar con nuestra atención, o nuestra parecida acción, ese caos que puede aullar, herir, desconcertarnos, pero que para nada lo sentimos como parte de nosotros, salvo que así lo concibamos (de momento). El temor cumple el papel de las identificaciones, extiende el daño.

Un fuerte abrazo,

Navajo dijo...

Querido amigo: si tú, que siempre pareces encontrar la luz en lo que miras, sientes ahora el peso de “lo que repta debajo del asfalto”, ¿qué salida nos queda a quienes no sabemos ver más allá de “la sombra oscura”.

Antonio del Camino dijo...

Malos tiempos para la lírica, que alguien dijo. Sólo que aquí, la lírica, permite enfrentarse y andar alerta ante esos malos tiempos.

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Carlos, gracias por tus palabras, que apuntan hacia asuntos de mucho calado. Un fuerte abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Pues tal vez la de escribir, o al menos intentarlo, querido Navajo. No es que sea una salida, más bien un gesto de entrar a algún sitio en el que podamos estar a salvo (quizás) de tanta negrura circundante... y aunque sea para explorar el interior de la sombra... En fin, no quisiera ponerme patético (más), pero ante la pregunta final de tu comentario me permitiría un locución imperativa : ¡escriba, coño! Un abrazo fuerte, amigo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Así lo creo yo también, Antonio. Sin descartar que, si la lírica se nos queda corta, tal vez no haya más remedio que echar mano de la épica. Gracias por tus palabras y un abrazo fuerte.

Carlos Medrano dijo...

Me limité, Alfredo, a responder a la reflexión de tu poema desde la reflexión. Mi intención no era perder el tiempo con un esfuerzo innecesario, sino también exponer una propuesta de cuestionamiento. Sobre todo para salir adelante. Las respuestas, como dice Navajo, están en cada uno, no están en lo que vemos. Por tanto no tengo por qué convencer ni imitar a nadie. Un abrazo.