viernes, 23 de noviembre de 2012

Con B de Borau


Con las de Buñuel, Berlanga y Bardem, la B de Borau completa un póker memorable de directores del cine español. Y no sólo español. No me he parado a repasar diccionarios ni filmografías, pero dudo mucho que haya otro país que pueda poner sobre el tapete de la gran pantalla una jugada tan ventajosa y de tanto talento en torno a  una sola letra. El de Borau (talento, digo), además de plasmarse en una acción continuada y generosa a favor del cine de los demás, dio a luz un puñado de obras maestras tan inolvidables como peculiares, merecedoras cada una por sí sola de un lugar muy destacado en nuestro mejor cine, mientras que todas juntas le aseguran a su autor un puesto entre los grandes.

No deja se ser curioso que la primera película destacada de la obra de José Luis Borau llevara por título Hay que matar a B. (1974), aunque fue Furtivos (1976), esa emboscada visual que capturó la esencia de la miseria del franquismo, la verdadera revelación de una carrera pausada, lenta, muy castigada tanto por la endeblez de la industria cinematográfica nacional como por la autoexigencia de quien no estaba dispuesto a rodar a cualquier precio, y que además tenía que vencer una marcada propensión a entusiasmarse más con el trabajo de los demás que con el propio.

Hace años que persigo la revisión de Río abajo (1984), una rara avis de nuestro cine, de la que guardo un maravilloso recuerdo muy ligado a un trabajo de gran intensidad sensual por parte de Victoria Abril, con David Carradine dándole la réplica. Y aún tengo nítida la emoción que me produjo Leo (2000), el demorado y, lo sabemos ahora, definitivo retorno y adiós de Borau a la gran pantalla y al cine grande, amparado esta vez en un excepcional trabajo de Icíar Bollaín y Javier Batanero, este último prácticamente desaparecido después de tan insólito debut.

No me olvido, aunque creo que tienen otra dimensión en su obra, de La sabina (1979) ni de Tata mía (1986), que supuso el rescate de Imperio Argentina en «carne mortal». Y no tengo opinión ni recuerdo bien precisos de Niño nadie (1997), vista solo de forma fragmentaria y a deshora en algún canal temático de televisión. Ah, y Celia (1994), la serie de televisíón que seguíamos puntualmente en casa, en familia (mi hija Clara sentía pasión por ella; creo que aún le dura), al tiempo que leíamos los libros de Elena Fortún, rescatados por Carmen Martín Gaite y reeditados por Alianza.

Más recientemente, recuerdo bien la lectura del discurso de ingreso de Borau en la Real Academia: en parte, por su contenido (una deliciosa evocación de su biografía como amante del cine) y en parte, también, por el número increíble de erratas con que fue publicado en la revista que lo recogió.

Borau era, además, un tipo simpático, elegante, de porte señorial, aunque no fuera difícil adivinar que escondía dentro una especie de niño empollón, tal vez mimado, y sin duda travieso, como  bien dejaba ver la picardía de su mirada. Alguien, en todo caso, que parecía de otra época, que probablemente lo era, pero que a la vez seguía encarnando una forma de vanguardia, con una capacidad de osadía que está muy presente en ese cine tan suyo que seguiremos viendo y celebrando.

Adiós, maestro. Tras las bambalinas y al otro lado de la pantalla, la timba de la B ya está completa.

Imagen: José Luis Borau durante la ceremonia de los Goya de 1998. 
En el vídeo, unas escenas de Furtivos: Borau, en el papel de gobernador civil, con Ovidi Montllor.

7 comentarios:

virgi dijo...

Recuerdo muy bien Furtivos, que la tengo como una de las mejores del cine español, tan escaso de grandes películas, si exceptuamos las del genial Buñuel.
Besos

Antonio del Camino dijo...

Buen repaso por la vida y obra del maestro, Alfredo. Creo que tendré que ponerme manos a la obra con más de una de las películas que citas, que o no he visto o no recuerdo ahora.

(¡Vaya noviembre!)

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Virgi. No estoy muy de acuerdo con eso de que el cine español esté tan escaso de buenas películas. Me pongo a pensar y seguro que me salen por lo menos... tres docenas, o más. En otro momento podemos hacer la lista. Creo que, además el clan de la B, hay autores de mucho fuste como Erice, Fernán-Gómez, Regueiro, Saura, Suárez, Iquino, Patino, Gutiérrez Aragón, Chávarri, Armendáriz, Uribe, Almodóvar, Trueba (otro clan), Villaronga, Amenábar..., sin olvidarnos de las chicas (Miró, Bollaín, otra B, Coixet)... Y sin entrar en las nuevas generaciones, donde también hay nombres dignos de tenerse en cuenta. Para una industria tan raquítica, no está nada mal. Besos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Si te topas con Río abajo, no dejes de avisarme. Abrazos.

Olga Bernad dijo...

Me puso triste su muerte. Es una figura amable y rara. Furtivos tiene algo realmente especial, como una conjunción de aciertos.
Descanse en paz.

virgi dijo...

Bueno, puestos a enumerar tan exhaustivamente, he de darte la razón, aunque no todas las que han hecho los que nombras me hayan convencido.
Besos :)

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Virgi. Tampoco yo creo que "todas" las películas que han hecho los mencionados sean dignas de recuerdo, pero creo que todos han hecho "al menos una" que sí lo es. Y la lista, lejos de ser exhaustiva, aún admitiría los nombres de Alex de la Iglesia (El día de la Bestia), Aranda (Amantes), Camus (Los santos inoncentes), Cuerda (Amanece que no es poco), R. Franco (La buena estrella), León de Aranoa (Los lunes al sol), Medem (Los amantes del Círculo Polar)... Zulueta (Arrebato)... Y aún no son todos, ni me remonto mucho en el tiempo. Me parece que existen, aparte de opiniones de disgusto respetables, muchos prejuicios frente al cine español, cuya historia, ya digo, me parece que está, como mínimo, a la altura de otras muchas cinematografías. En fin, sería un tema para charlar despacio y en más cómodas condiciones. Un beso, amiga.