martes, 22 de febrero de 2011

23-F ghijk...!


Este es el poema del 23-F.


Debían de ser las seis de la tarde. El semáforo

de la calle del Príncipe de Vergara (antes

General Mola) esquina a Hermosilla

estaba en rojo. Desde mi mesa

de trabajo, por la amplia cristalera,

pude ver ante él parado

un autobús repleto de guardias civiles.

Dije en voz alta algo así como: «Mira, Tere, cuántos

picoletos…» Y Tere miró y acaso nos reímos.

Seguimos trabajando. No había forma

de encontrar las fotos adecuadas

para ilustrar el Tema Clave, tan árido, de la Constitución.


Debió de transcurrir cosa de media hora.

En el despacho del jefe sonaba la radio.

Y por la radio y por su rostro (del jefe)

alarmado delante de la puerta

supimos que algo extraño pasaba en el Congreso,

que los diputados estaban secuestrados,

que el paréntesis para la democracia

al que Suárez, triste y enfático, aludiera

en el discurso de su dimisión

podía volver a cerrarse,

y quién sabe qué vendría después.


Lo que vino después es bien sabido. O casi.

Tal vez aquella noche mi chica y yo

pensamos que sería mejor

buscar otro horizonte.

Las alarmas crecieron y se desvanecieron.

Y el miedo dejó paso a la alegría.

Se han escurrido 30 años desde entonces (hoy es el día).

Más de media vida para muchos.

Otros muchos ya no lo recuerdan.

Y la verdad es que amaga cierto cansancio de las repeticiones.

Y una indudable repetición de los viejos cansancios.


Este no es el poema del 23-F.

5 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Serán los años, Alfredo. Que si veinte --que decía el tango-- no son nada, treinta comienzan a pesar un poco. Yo propongo para hoy, dada la efemérides, un poco de humor. (Ver "Verbo y penumbra").

Buen poema/nopoema.

Un abrazo.

cristal dijo...

Nada menos que treinta años, sí.

Yo por entonces vivía en las Baleares y toda mi familia estaba en la Península, como se decía desde allí. Sentí pánico de que pudiera haber otra guerra civil o una vuelta a la dictadura.

Fueron horas de incertidumbre, de colapso emocional hasta saber por dónde iban a discurrir los acontecimientos.

Hoy afortunadamente podemos recordarlo como si fuera un mal chiste.

Un abrazo, Alfredo.

Navajo dijo...

Visto 30 años después hay que reconocer que la cosa resulta un tanto patética, sobre todo los cánticos y alabanzas al pueblo que salió (salimos) a defender la democracia, cuando todo había pasado, claro. Me siento mucho más cerca del genial y autocrítico fragmento de la Trinca (por cierto, lo había olvidado completamente) que incluye A del Camino en su “Verbo y penumbra”. Siempre he creído que, desde un punto de vista práctico, es mejor vivir de rodillas que morir de pie, como quieren los grandes cantores de gesta, pero está claro que no resulta atractivo: Goya no habría podido pintar sus fusilamientos si los madrileños hubieran permanecido en sus casas mirando a los mamelucos desde las ventanas, en lugar de salir a las calles a morir por el infame Fernando.

virgi dijo...

Y ahora mira que bien se llevan unos y otros...¡ay!
Besos

Alfredo J. Ramos dijo...

Antonio, Cristal, Navajo, Virgi: aunque a destiempo, gracias por vuestros comentarios (y por la amistosa constancia, un regalo que aprecio en lo que vale).