martes, 22 de febrero de 2011

23-F ghijk...!


Este es el poema del 23-F.


Debían de ser las seis de la tarde. El semáforo

de la calle del Príncipe de Vergara (antes

General Mola) esquina a Hermosilla

estaba en rojo. Desde mi mesa

de trabajo, por la amplia cristalera,

pude ver ante él parado

un autobús repleto de guardias civiles.

Dije en voz alta algo así como: «Mira, Tere, cuántos

picoletos…» Y Tere miró y acaso nos reímos.

Seguimos trabajando. No había forma

de encontrar las fotos adecuadas

para ilustrar el Tema Clave, tan árido, de la Constitución.


Debió de transcurrir cosa de media hora.

En el despacho del jefe sonaba la radio.

Y por la radio y por su rostro (del jefe)

alarmado delante de la puerta

supimos que algo extraño pasaba en el Congreso,

que los diputados estaban secuestrados,

que el paréntesis para la democracia

al que Suárez, triste y enfático, aludiera

en el discurso de su dimisión

podía volver a cerrarse,

y quién sabe qué vendría después.


Lo que vino después es bien sabido. O casi.

Tal vez aquella noche mi chica y yo

pensamos que sería mejor

buscar otro horizonte.

Las alarmas crecieron y se desvanecieron.

Y el miedo dejó paso a la alegría.

Se han escurrido 30 años desde entonces (hoy es el día).

Más de media vida para muchos.

Otros muchos ya no lo recuerdan.

Y la verdad es que amaga cierto cansancio de las repeticiones.

Y una indudable repetición de los viejos cansancios.


Este no es el poema del 23-F.

viernes, 18 de febrero de 2011

Pinchazo


La solución, parcial y provisional, que se le ha dado al caso Contador, con el espectacular viraje del veredicto de las autoridades deportivas tras la insólita mediación del presidente Zapatero, me parece que no tardará mucho en volverse contra el propio corredor, e incluso contra el deporte español en general, hoy puesto bajo sospecha en medio mundo, como indirectamente han venido a reconocer incluso algunos enfáticos anuncios publicitarios. Que las normas antidóping por las que se rige el ciclismo rallen en lo absurdo, e incluso lo inhumano, no es excusa para esta función teatral tan mal ensayada, a la que se le ven por todas partes los trucos de la tramoya y hasta se escucha, por encima de todas la demás, la voz del apuntador.

Puede que Contador no haya hecho trampa alguna (yo quiero creerle, aunque la historia del solomillo parezca como de Gila...), pero las autoridades deportivas del ciclismo, y el propio Zapatero, creo que han cometido un grave error por la forma en que han dilucidado este asunto. Un pinchazo en toda regla.

¿Qué pasa con el dopaje en el deporte español? ¿Quién pretende que sigamos comulgando con ruedas de molino? ¿Algún día sabremos la verdad de todo esto? Sí, algún día la sabremos. Pero ya será tarde y a nadie le importará.

A los interesados en profundizar en algunos aspectos de este y otros asuntos del, pese a todo, espectacular deporte del ciclismo (y no solo de ciclismo), les recomiendo darse una vuelta, y hasta un giro y un tour, por este blog, donde podrán sacar, eso sí con paciencia y tras unas cuantas horas de lectura, sus propias conclusiones. Yo mismo, a ratos perdidos, estoy en ello.

Viñeta de Ventura & Coromina en LaVanguardia.es

lunes, 14 de febrero de 2011

El olvidado


En el sorprendente aunque no injusto veredicto de los premios Goya, que con 9 premios han valorado muy por encima de sus rivales la película de Agustí Villaronga Pa negre, el gran relegado a la hora de los recuerdos y agradecimientos fue el autor de la novela homónima, el escritor catalán Emili Teixidor. Si no escuché mal, su nombre solo fue citado por el director del filme al recoger el premio al mejor guión adaptado. Villaronga agradeció además la libertad con que el autor le permitió trabajar sobre su obra. Eché en falta, en cambio, que la representante de la productora, tras recibir el Goya a la mejor película, no hiciera mención alguna del que, en justa lógica, está en el origen de todo el proceso culminado con tanto éxito. Tampoco se acordó de él ninguno de los actores que coparon todos los premios de interpretación (excepto el inexpugnable de Bardem), aunque es justo reconocer que dos de ellos, los protagonistas infantiles, dificílmente podrían hacerlo.

La verdad es que, salvo excepciones, lo ocurrido con Teixidor es lo que suele pasar con los autores vivos de obras literarias adaptadas al cine, sobre todo cuando el punto de partida no es un escritor mediático o un afamado bestsellero. Y si se piensa bien, tiene cierta lógica que así ocurra, porque a menudo lo que los guionistas hacen con los materiales de los que parten discurre, para bien o para mal, por caminos tan diferentes a los del texto de partida que lo más sensato es considerar a una y otra, novela y película, como obras diferentes y juzgarlas por separado, cada una en su terreno, sin cruce de responsabilidades ni atribuciones recíprocas de méritos o defectos. Pese a todo, no deja de resultar cuando menos paradójica la distribución tan desigual de los reconocimientos.

Emili Teixidor (Roda de Ter, 1934), aunque bien conocido como novelista en el ámbito catalán, en el panorama de la edición en español tiene más peso como autor de obras infantiles o juveniles, gracias sobre todo a las aventuras de la hormiga Miga (formiga Piga), divertida heroína de muchos lectores infantiles y personaje familiar para cuantos están atentos al creciente desarrollo de la LIJ (literatura infantil y juvenil) entre nosotros. Uno de los libros con sus aventuras fue merecedor del Premio Nacional de dicha categoría en 1997. Y en alguna ocasión Teixidor ha sido el candidato español al premio Andersen, el más prestigioso del mundo en este campo, algo asi como el Nobel de la especialidad. Mucho otros de sus títulos, como Las alas de la noche, El pájaro de fuego o Corazón de roble, todos ellos con su versión original en catalán, figuran entre los éxitos de las más conocidas colecciones de LIJ.

El guion de Pa negre, si bien toma sus partes sustanciales de la novela homónima, completa su singular retrato de la posguerra en la Cataluña interior con escenas y evocaciones espigadas en otras obras de Teixidor, sobre todo en Retrat d'un assassí d'ocells (Retrato de un asesino de pájaros). De allí proceden, además de algunos de los episodios de la película, buena parte de la atmósfera general en que transcurre la historia. Y en particular el espeso, casi irrespirable, clima posbélico de mentiras, cobardías, hipocresías, pasiones, ambiciones y sentimientos de culpa en que se desarrolla. Un ambiente de degradación moral que, si en la obra de Teixidor ya está descrito con un lenguaje poderoso, en la película de Villaronga acentúa sus efectos opresivos merced al poderío visual de las imágenes, bien ejemplificado por el arranque de la película: es tan impactante que parece difícil que el resto del metraje pueda mantenerse a la misma altura. Pero lo logra.

Una faceta menos conocida de Teixidor, que también ha ejercido como maestro, pedagogo o periodista cultural (especialmente en la radio), es la de editor. Fue durante casi veinte años (desde 1975) director de Ultramar, sello donde se publicaron en castellano importantes títulos de ciencia ficción, como la saga de Dune. Durante un par de años, entre 1987 y 1989, ejerció nominalmente como director literario de Salvat Libros, el efímero sello de Salvat dirigido por Raúl Rispa, del que yo mismo fui editor. Allí pude compartir con Emili, además de nuestro común desengaño ante un proyecto poco consistente, algunas fructíferas discusiones sobre el mundo de la edición y sus tortuosos caminos. Años antes también habíamos participado juntos en la aventura, mucho más gratificante, de los Temas Clave, colección de la que él fue asesor pedagógico, en consonancia con su experiencia como maestro y pedagogo defensor de una escuela abierta.

Los Goya probablemente prolonguen la vida en la pantalla de Pa negre. Yo mismo tengo intención de verla de nuevo, ahora si es posible en su versión original catalana. Ojalá que también sean un revulsivo para que la obra de Teixidor, y en particular Pan negro, la versión castellana de la novela realizada por el propio autor y publicada por Seix Barral, conquiste nuevos lectores. Sus primeras líneas son toda una invitación:
«Cuando hacía buen tiempo, desde la Pascua Florida hasta principios de otoño, con el cambio de color del bosque, vivíamos en las ramas de los árboles.»

Fotografía de Emili Teixidor de EFE, tomada de  aquí.

jueves, 10 de febrero de 2011

Goya 25, otra apuesta


Pese al descenso de espectadores y a trifulcas vidriosas como la surgida en torno a la ley Sinde, con la dimisión diferida de Álex de la Iglesia, creo que puede decirse que la de 2010 ha sido una buena cosecha para el cine español. Así lo prueban las cuatro películas (Balada triste de trompeta, Buried-Enterrado, Pa negre y También la lluvia) que compiten como favoritas a los premios Goya que se entregan el domingo 13, precedidos de la mayor expectación que este evento haya suscitado nunca.

Sin ser ninguna de ellas una obra redonda, cualquiera de las cuatro será una digna vencedora. Y todas juntas (sin olvidarnos de alguna más como, por ejemplo, El gran Vázquez) prueban que, aunque hacer cine en España sea cada vez más difícil, hoy conviven varias generaciones de directores, actores y técnicos capaces de dar continuidad a nuestra mejor tradición cinematográfica. E incluso de resolver sin complejos el viejo dilema entre arte (esa noble pretensión) e industria (esa carencia) que tantas veces ha marcado las vías enfrentadas y hasta inencontrables por las que ha discurrido el cine español.

Como quien más quien menos, todo el mundo anda haciendo sus apuestas, también en la Posada nos hemos puesto manos a la obra y aquí está un listado parcialmente razonado de mis favoritos.

Mejor película: También la lluvia. La obra de Icíar Bollaín es una muestra del verdadero cine en “tres dimensiones”, con su capacidad para fundir en un relato sin fisuras una historia sobre el salvajismo de la conquista, un conflicto social de nuestros días (la lucha por el agua en un pais andino) y el proceso de rodaje de la propia película. Una ocurrencia: si Avatar hubiera contado con un guión semejante (el trasfondo de la historia es similar), no se hubiera quedado en un mero despliegue de efectos fantasiosos… y se podría hablar con toda propiedad de cine en 3D.

Mejor dirección: Álex de la Iglesia, por Balada triste de trompeta. Me decepcionó la última película de uno de los directores españoles que más admiro. Creo que en la pugna entre las dos almas (al menos) que conviven en su cine, aquí gana con creces la alocada veta tarantiniana, que en varios momentos lleva a la película por derroteros no solo disparatados sino redundantes. Pero hay otros momentos -y muy en especial el soberbio arranque de la obra, con Santiago Segura y Fernando Guillén Cuervo en un inolvidable mano a mano- en los que Álex de la Iglesia, como ya hiciera en El día de la Bestia o La comunidad, exhibe su maestría para retratar los tics más pertinaces del carácter ibérico, además de ciertos aspectos enrevesados de la psicología humana, siempre vistos desde una peculiar clave grotesca muy reveladora. La obra es además un homenaje a toda una tradición del cine español (desde Buñuel a Borau pasando muy especialmente por el Berlanga de La escopeta nacional) y se enfrenta a numerosas dificultades narrativas; y en este sentido el trabajo de Álex, cuyas peripecias de rodaje seguí fascinado a través de su blog, es impecable.

Mejor actriz protagonista: Nora Navas, por Pa negre. La memoria sin maniqueísmos de Emili Texidor, perfilada y filmada con mano maestra por Agustí Villaronga, tiene en el elenco de actores que le da vida en la pantalla uno de sus platos fuertes. Nora Navas hace un gran trabajo y me parece que puede ser una de las elegidas para que la obra, pese a su gran calidad y sus muchas candidaturas, no se vaya (me temo) de vacío.

Mejor actor protagonista: Javier Bardem, por Biutiful. La película de Iñárritu es tan hermosa y poética como desoladora y tal vez hiperbólica y hasta descompensada. Un retrato muy duro pero también real de la Barcelona actual. Y que tiene en la interpretación perfecta de Bardem su mejor baza: él lleva toda la película sobre sus hombros (y creo que también debería ser reconocido con el Oscar, aunque Colin Firth será duro de pelar).

Mejor guión original: Paul Laverty, por También la lluvia. El bien medido trabajo de ensamblaje de historias, con un ritmo extraordinario y un cuidado especial en las intersecciones, es uno de los aspectos más notables de la película de Bollaín. Su mérito se debe sin duda al excelente guión elaborado por uno de los guionistas habituales de Ken Loach. No obstante, el premio se lo podría disputar Chris Sparling por el guión de Buried-Enterrado, el tour de force de Rodrigo García (como es sabido, toda la película transcurre dentro de un ataúd) que a mí me pareció, en sus más intensas secuencias, una durísima denuncia de los peligros del trabajo estabulado.

Mejor guión adaptado: Agustí Villaronga, por Pa negre. Villaronga ha sabido extraer de diversos relatos y novelas de Emili Texidor (y principalmente de la obra que lleva el mismo título) una historia terrible, implacable y necesaria, con la guerra civil como telón de fondo. Me alegraré mucho también por Emili, con el que compartí largas, divertidas y hasta intensas (cuando no disparatadas) reuniones editoriales en los tiempos de Salvat Libros (hacia 1987-89…).

Mejor actriz de reparto: Pilar López de Ayala, por Lope. Su actuación me parece de lo más destacable de una película tan bien intencionada como finalmente fallida (aunque supongo que le caerá algún premio menor).

Mejor actor de reparto: Karra Elejalde, por También la lluvia. Me sorprendería mucho que alguien se lo pudiera disputar. Unas oscilaciones tan creíbles entre el personaje de Colón y el actor borrachín y decadente que lo interpreta (Antón) solo están al alcance de actores en estado de gracia.

Mejor actriz revelación: Marina Comas, por Pa negre.

Mejor actor revelación: Juan Carlos Aduviri, por También la lluvia. Será un placer verlo subir al escenario del Teatro Real con el colorido poncho para convertirse en el primer actor boliviano que recoja un cabezón.

Mejor canción original: «Que el soneto nos tome por sorpresa», de Jorge Drexler en Lope. En cierto modo, sería también un reconocimiento a la música de los poemas de Lope. Y que Lope pudiera recibir un Goya sería una magnífica ucronía.

Mejor dirección novel: carezco de opinión, porque no he visto ninguna de las candidatas. Me parece que el favorito es David Pinillos (por Bon Appétit), si bien supongo que se lo darán a Jonás Trueba, que ya ha sobrepasado los 20 años (por Todas las canciones hablan de mí), sin olvidar que también compite Emilio Aragón (con Pájaros de papel).


Y, en fin, por completar la apuesta…:
Mejor música original: Alberto Iglesias, por También la lluvia.
Mejor dirección de producción: Cristina Zumárraga, por También la lluvia.
Mejor dirección de fotografía: Eduard Grau, por Buried-Enterrado.
Mejor montaje: Ángel Hernández Zoido, por También la lluvia.
Mejor maquillaje y/o peluquería: Quetglas-Pedrati-Sánchez Torres, por Balada triste de trompeta.
Mejor dirección artística: César Macarrón, por Lope.
Mejor diseño de vestuario: Tatiana Hernández, por Lope.
Mejores efectos especiales: Abades-Piquer, por Balada triste de trompeta.
Mejor sonido: Garai-Orts-Muñoz, por Buried-Enterrado.
Mejor película de animación: Chico y Rita, de Trueba & Mariscal.
Mejor película documental: María y yo, de Félix Fernández de Castro, a partir del cómic de Miguel Gallardo.
Mejor película hispanoamericana: sin criterio.
Mejor película europea: La cinta blanca es mi preferida, pero creo que ganará El discurso del rey.

aciertos


Imagen de la gala de los Goya tomada de que.es.