sábado, 8 de enero de 2011

El sur de El sur

Esta noche (8 de enero de 2011) la Primera de RTVE emite El sur, el segundo largometraje de Víctor Erice, estrenado en 1983, y una de las indiscutibles obras maestras del cine del siglo xx. Obra maestra… pese a su carácter inacabado.
Como es bien sabido, el rodaje de la película fue interrumpido por motivos económicos y toda la parte que se desarrollaba en el sur, en Andalucía, quedó fuera de un filme que, pese a esa mutilación (que algunos críticos llegaron a elogiar convirtiéndola en una significativa elipsis), ilustra como pocos el arte de contar con imágenes. La película de Erice logra fotografiar emociones esenciales sobre la iniciación a la conciencia de la vida y sus secretos.
En otra ocasión que TVE emitió El sur pude ver una larga exposición de Víctor Erice dando cuenta de algunos pormenores de las circunstancias en que se cerró su rodaje. Y escuché fascinado el final de la historia escamoteado por los problemas de producción. Un final poderoso, brillante, redondo. El relato de Erice, que por fortuna puede verse en Youtube (también está accesible íntegramente, y con mayor calidad, en esta página de RTVE), es en sí mismo una pieza emocionante y, en mi opinión, se ha convertido en un apéndice imprescindible para completar el viaje al sur. (Tras los vídeos, transcribo las palabras de Erice sobre las escenas no rodadas, que corresponden a las partes 2ª y 3ª).







Dice Víctor Erice:
«¿Qué falta en la película o qué iba a ser esta película en su totalidad? Iba a ser una historia donde el sur no iba a aquedar reducido a unas cuantas postales sino que se iba a ver de verdad. Yo he vivido largas temporadas de mi vida en Andalucía, por tanto tenía una relación afectiva muy grande con las gentes y el paisaje que la cámara iba a ofrecer. Ahora, lo que se quiebra con la falta de esa segunda parte era la dimensión moral del relato, el elemento de iniciación y de conocimiento que tiene toda la historia. Porque Estrella viajando a Andalucía cumplía el viaje que su padre nunca pudo hacer. Y al cumplirlo obedecía el mandato paterno. ¿De dónde brotaba ese mandato? Del gesto postrero de un hombre que la última noche de su vida deja, debajo de la almohada de su hija, el objeto que más le unió en el pasado: un péndulo. Ese acto la comprometía… en cierto modo… ¿a qué? A hacer ese viaje al sur para descubrir la vida secreta de su padre, la otra parte de su identidad. Y en ese descubrimiento totalizaba una experiencia, se reconciliaba con la figura paterna.
¿Qué es lo que encontraba en el sur? Pues encontraba el paisaje de la infancia y la adolescencia de su padre. Y encontraba el fruto de la historia de amor secreto de este hombre: un hermano… Que venía a subrayar el carácter también –insisto una vez más– de simetría argumental: había un norte, había un sur, un hijo en el sur, una hija en el norte… Toda la narración llevaba a un acto de reconciliación, de comprensión, de maduración por parte del personaje… Y de una pequeña historia de amor, un apunte, que era la relación amorosa entre los dos, donde latía el tema del incesto. El chico nunca reconocía que Estrella era su hermana, no podría reconocerlo, no era a ese nivel… El chico al que durante toda su vida las gentes de su alrededor, su familia, le han contado que su padre murió antes de que él naciera, y que ha crecido más o menos feliz educado por su tío, Fernando Fernán Gómez… Y qué terrible para una chica encontrar a su hermano, saber que es su hermano… ¿pero cómo se le puede decir a un muchacho de catorce años: “no es cierto te engañaron, tu padre vivía hasta hace quince días pero se ha suicidado”? Eso es tremendo, ¿no?
Entonces lo que surgía ahí era el tema de la piedad. Y el desafío de la película era comunicar al espectador, renunciando a la palabra, a través de la piel, de la mirada, del tacto, que esos dos seres humanos jóvenes estaban unidos por una gran fraternidad que iba más allá del hecho de la sangre… y más allá. Pero no había un reconocimiento explícito de decir: “¡Ah, somos hermanos!” No, era todo insinuado.
Pero ese reconocimiento estaba latente porque el último día, en la penúltima secuencia en Andalucía, cuando los dos chicos se despedían, ella, Estrella, le regalaba al chico el péndulo de su padre, y él lo aceptaba. Y entonces, en una estación abandonada de Carmona, de donde ya no salía ningún tren, donde la hierba ocultaba ya las vías, en el vestíbulo de esa estación ya abandonada se producía la escena primordial de la transferencia: Estrella entregaba el péndulo a su hermano, y él preguntaba: “¿Y esto para qué sirve?” Y ella se lo explicaba: “Se pueden adivinar cosas”. “¿Sí?”. “Sí, si se tienen poderes” “¿Y tú crees que yo los tengo?”… Es exactamente el mismo diálogo… [que el mantenido por Estrella niña con su padre].
Entonces, en ese vestíbulo, en el final, Estrella iniciaba a su hermano de la misma manera que la inició su padre, repitiendo las mismas palabras: “Lo primero que tienes que hacer es [aprender] cómo se coge...” Y consumaba la aceptación de todo un itinerario de conocimiento. En correspondencia, el chico le daba para el viaje un libro, un libro para el viaje. Un libro que había sido de su tío. Su tío era Fernando Fernán Gómez…[que] en la película hacía el personaje de profesor en el instituto de segunda enseñanza de Carmona, un personaje muy andaluz que vivía con su hermana, Laura Quintana (Irene Ríos), los dos en una vieja casa de Carmona que se caía a pedazos. Un fin de raza.
Pero la historia de Fernando era especialmente importante para mí porque era un personaje que tenía para todo el mundo el estigma de la cobardía. Su historia era la historia de un hombre que, llevado a la primera línea de fuego para combatir, en una guerra civil, la española, llevado a la fuerza, contra los que eran los suyos…, él no admitía esa dialéctica, este horror, y antes de entrar en combate se pegaba un tiro o se había pegado (era su leyenda) un tiro en la mano. Habían estado a punto de fusilarlo, lógicamente, y era la familia de Omero Antonutti, los Arenas, los que le habían salvado del paredón. Era muy importante para mí este personaje porque resumía en sí cierta dialéctica de la guerra civil que me parecía muy importante recordar: la historia de aquellos hombres que se vieron forzados por las circunstancias, por una simple cuestión de supervivencia, a asumir un compromiso que no era el suyo, de ahí su especial vivencia del horror, gente escindida, derrotada para siempre.
Pues este personaje, con su estigma de la cobardía, era el personaje más ejemplar de la historia. Había educado a este chico y le había iniciado en el conocimiento, por ejemplo, de los libros de aventuras, de la literatura. De tal modo que en el sur había un sur más remoto, un sur del sur, que era ya el mito literario del sur. Aparecía depositado en las islas de los mares del sur y nutrido de los textos, de los cuentos, de las novelas, particularmente de Robert Louis Stevenson. De tal modo que el chico, cuando después de aceptar el péndulo le daba a ella en correspondencia un libro para el viaje, le entregaba este libro que tengo aquí… es el primer libro de viajes que yo creo que leí… es una edición del año 45 y se llama Islas del Sur. Es una traducción sui géneris del original, porque el original es En los Mares del Sur… pero no sé por qué lo tradujeron así.
Entonces Estrella, en el tren, de regreso al norte, cumplida su misión, abría el libro y las últimas palabras que se escuchan en esta película se escuchaban en la voz de Fernando Fernán Gómez: “Hay en el mundo unas islas que ejercen sobre los viajeros una irresistible y misteriosa fascinación. Pocos son los hombres que las abandonan después de haberlas conocido. La mayoría dejan que sus cabellos se vuelvan blancos en los mismos lugares donde desembarcaron. Hasta el día de su muerte, a la sombra de las palmeras, bajo los vientos alisios, algunos acarician el sueño de un regreso al país natal que jamás cumplirán. Esas islas son las Islas del Sur. Cuentan que en ellas estuvo en tiempos el Paraíso.”»






10 comentarios:

Olga Bernad dijo...

La vi hace muchos años, recuerdo la tristeza del padre y unos silencios que casi pesaban. Volveré a verla hoy, dentro de un rato (si me dejan;-) o la alquilaré. Has hecho que tenga ganas.
Saludos.

virgi dijo...

La ví en su momento y siempre la recuerdo como una de las mejores películas españolas que, al menos yo, haya visto. El padre con el péndulo fue una imagen que todavía me asalta cada cierto tiempo. Lo que no supe ni he sabido hasta ahora en que te leo, son todas las cosas que explicas. Habrá que verla de nuevo.
Un placer, un abrazo.

moderrunner dijo...

Uno de los momentos del cine que más me entusiasma, es cuando suena el pasodoble "En er mundo", es el día de la primera comunión de Estrella, vestida de novia, de luna, va girando en los brazos y la mirada de su padre y es en esos compases cuando un mismo universo al fin les contiene.

Alfredo J. Ramos dijo...

Olga, me alegro de que así haya sido (lo de las ganas) y estoy convencido de que volverás (o ya habrás vuelto, si te han dejado;-)) a disfrutarla incluso más que la primera vez. Es una obra llena de tantos matices que siempre se descubre en ella algo nuevo. Un abrazo.

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Me parecía, Virgi, que era pertinente recordar ese carácter de obra inacabada. En el coloquio que acompañó a la emisión de la película también se hizo. Aunque la mutilación no disminuya su enorme calidad (nunca sabremos como habría sido), las palabras de Erice inevitablemente ponen los dientes largos, como suele decirse. El placer, ya sabes, es mío. Otro abrazo.

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Esa escena que citas, Moder, es también para mí un momento culminante y una de las secuencias de toda la historia del cine en las que mejor se ha reflejado la complicidad padre-hija (se me viene ahora a la cabeza otra, en Matar a un rusieñor, cuando Atticus le lee un cuento a su hija antes de dormir). Te confieso que rara vez puedo ver esas imágenes sin emocionarme hasta (casi) las lágrimas, Un abrazo.

cristal00k dijo...

Creo que nunca me cansaré de verla.

Navajo dijo...

Qué bonito sueño, el Sur. Pero creo que ya no existe. Suerte que Erice rodó, la mitad, en 1983.

Alfredo J. Ramos dijo...

Pienso lo mismo, Cristal. Es una de esas obras a las que sabes que siempre podrás volver como si fuera la primera vez. Bicos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Bueno, amigo Navajo, combatamos siquiera verbalmente frente a tanto cenizo (y tanta ceniza) circundante: si acaso fuera verdad que el sueño del Sur ya no existe, que al menos nos quede la capacidad de soñar. (Sin olvidar, naturalmente, que no está mal que a ciertas alturas los sueños, si no pueden perseguirse, al menos puedan ronearse..., compadre). Abrazo de luna nueva.

Shandy dijo...

La he visto varias veces. Es de una belleza conmovedora, no sólo por la historia, también por la estética, la delicadeza, la sugerencia y la poesía de las imagenes. Es una de las películas más poéticas del cine español ( también Remando al viento, de Gonzalo Suárez).
Me emociona también porque hay escenas con el padre que me transportan a mi infancia, la del pasodoble, la niña en la bici, el padre en la moto, la complicidad de ambos.
No he podido ver los vídeos, pero sí he leído la entrevista con Victor Erice.
Siempre me pareció una película con un final abierto, pero no la sentí como inacabada. El Sur se ofrecía como un referente misterioso, un sueño no imposible de cumplir en la vida de Estrella. Algún día quizás llegaría a ese lugar...
Sí me gustaría poder disfrutar de la mirada de Victor Erice en el Sur y de la historia secreta que había en aquellas cartas.

Alfredo, gracias por dejar tan buena información.

Un abrazote y un beso

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Shandy. Lo que Víctor Erice dice en los vídeos es lo que transcribí en los textos; solo que el relato en su voz es fascinante. Suscribo tus opiniones (incluido el aprecio por la película de Gonzalo Suárez). Tampoco me parecía que a El sur le faltara nada, quizás porque toda ella está contada desde esa mirada poética que tú subrayas y se contempla como una historia abierta. Además, el sur ya está muy presente en la pelicula, no solo por la dolorosa y elíptica historia amorosa del padre, sino con la genial presencia de Rafaela Aparicio, sublime en su papel. Pero recuerdo que cuando vi y oí por primera vez el relato de Erice en televisión me pareció que, en efecto, la historia podría haber sido aún mucho más poderosa (basta pensar en la presencia de Fernando Fernán Gómez) y que él tenía todo el derecho a "denunciar" el carácter incompleto de la obra por culpa de la cicatería económica del productor. La verdad es que Erice no ha tenido mucha suerte a la hora de financiar sus proyectos; de ahí lo parco de su filmografía, en lo que puede que sea el mayor dasaprovechamiento de talento de toda la historia de nuestro cine. Ya vivió otro incidente notable cuando el primitivo proyecto de El embrujo de Shanghai, que finalmente rodó Fernando Trueba. Tal vez no sea un "gestor" acorde con los tiempos que corren, o tal vez su visión artística vaya realmente tan por delante, que no encuentra el eco debido en las estructuras de la industria. En fin, el tema daría para extenderse porque en buena medida toca de lleno aspectos decisivos de la historia del cine español. Y no solo. Un beso.