martes, 14 de diciembre de 2010

Orfandad y herencia



Ante la absurda (¿pero cuál no lo es?) y desgraciada muerte de Enrique Morente, cantaor y granaíno, maestro genial en ambas artes, sorprende a la vez que emociona la generalizada sensación de orfandad que recorre el mundo del flamenco. Basta echar un vistazo a los periódicos del día o zambullirse un poco en el océano de la Red, en los corrillos de cabales, para advertir por todas partes la enorme admiración que su figura y su obra suscitan.

Pese a la tristeza, conforta saber que los caminos que Morente abrió para poner el cante jondo a la altura de los tiempos, y en concreto su instinto e inteligencia para enraizarlo en una nueva y libérrima forma de entender la tradición, son los que marcan el rumbo de algunos de los intérpretes más cualificados del presente, y que por ello pueden considerarse sus legítimos herederos: léase Miguel Poveda, Mayte Martín, Diego el Cigala, tal vez Arcángel... o, claro está, su propia hija Estrella.

Orfandad, pues, pero también prolongación de un arte que hoy, precisamente hoy, está más vivo que nunca.

En Omega (1996, 2008), mi disco preferido de Morente, una obra infinita en la que siempre queda algo por descubrir (como por descubrir me queda aún, afortunadamente, buena parte de su discografía), se incluyen piezas como su versión del lorquiano Pequeño vals vienés. Un monumento de ligereza y dramatismo, pasado por la "lectura" de Leonard Cohen, llevado a lo esencial del cante con melismas de inusitada pureza flamenca, y finalmente desembocado, coreografía del «Grupo de Danza Andalucía» de por medio, en la pequeña joya de arte total que recoge el vídeo que adjunto al final de estas líneas.

Omega, que muchos críticos consideran el punto alfa de la última renovación del cante jondo, muestra la originalidad y hondura con que Morente supo indagar en los misterios de la voz y el sentimiento afrontando con valentía el mundo alucinado del Lorca de Poeta en Nueva York y dejándose arrastrar por influencias tan en apariencia distantes como la severidad rítmica de una procesión de semana santa y la insolencia punk-rock del grupo Lagartiija Nick.

Morente solía decir que las personas a las que más quería eran los poetas. Y lo demostró muchas veces cantando poemas de Lorca, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Guillén, Alberti, Hierro, San Juan de la Cruz, Fray Luis, Góngora, Juan del Enzina y un largo etcétera que también incluye a Al Mutamid, el rey moro que gobernó la taifa de Sevilla en la segunda mitad del siglo XI.

No es extraña esa afinidad (que tuvo también Camarón y ha "heredado" Poveda) porque el espacio en el que se adentran los grandes maestros del cante se parece mucho al universo que exploran los poetas: unos y otros recorren el territorio de la voz, de las voces, los nombres y los ritmos, en busca acaso de la respiración interna de las cosas. Y se internan así en una geografía en la que aunque los caminos parezcan estar ya bien roturados siempre es posible encontrar, inventar, alguna vereda. La aventura es descubrirla y atreverse a seguirla. Además de un hombre de una gran sensibilidad, Morente ha sido un artista valiente.

Ayer por la tarde, al escuchar por la radio la noticia de su muerte, sobre los mismos papeles en los que estaba trabajando improvisé estos versos que dejo aquí como homenaje.


Sólo había una voz como la suya:
la de un cántaro roto siempre lleno,
la libre forma con que el aire llega
a la cueva más honda, al pie del cielo.


En la imagen superior, Enrique Morente durante una actuación
en el C. M. San Juan Evangelista, en octubre de 2008.
Imagen tomada del blog de la escritora Clara Sánchez.


Postpost: Añado el vídeo del hondo y estremecedor homenaje que Estrella Morente rindió a su padre en su capilla ardiente.

6 comentarios:

Navajo dijo...

Pues sí, Alfredo, tu verso acierta plenamente: su voz llegaba hasta el desierto, y lo llenaba de emoción y de vida. No me extraña el sentimiento de orfandad que señalas, porque Morente era sin duda el referente máximo de esa nueva vida del flamenco que hemos visto en estos años, tanto en el baile como y sobre todo en el cante.
Coincido contigo en la afición por “Omega”, pero habría que señalar también un bellísimo recopilatorio (“Morente + Flamenco”), editado este mismo año, que contiene algunos temas en los que brilla a gran altura el arte del maestro.
Un abrazo.

virgi dijo...

He ido a youtube para escucharlo y he pasado unos momentos trascendentes.
Impresionante. Sé de la valía de Morente, su valor para ampliar el abanico del flamenco sin desvirtuarlo, algo harto difícil, sólo posible para los grandes. Pero no conozco sus trabajos, únicamente lo que oyes, así, por casualidad.
El vals es emotivo, poderoso, extraordinario.
No sabes lo que te agradezco tu entrada y lo que he aprendido.
Un abrazo.



(Respecto a tu visita: no le podremos poner puertas al idioma, ni a nada, todo tiene su propia vida, pero es verdad que ahora que lo dices, acabo por extrañar un baifito balando en medio del campo.
Un guiño, una sonrisa, un beso)

Isabel dijo...

Morente como Camarón no morirán nunca, seguirán guiando con su arte y su innovación a generaciones futuras.
Ayer repusieron en un canal privado un docu que hizo Morente con Juan Diego, "De par en par", tiene momentos magistrales y el final es pa morir porque canta toda la familia.
Dentro de lo peculiar que era Morente, un personaje que sobrevolaba, así lo veía yo, me llamó la atención una frase que dijo:
"como fuera de la casa no se está en ningún sitio, pero bueno, a la casa hay que volvé porque es donde te recuperan, te cuidan para hacer un trabajo util pa la sociedad"
Todo un personaje que espero esté cada vez más vivo.

Fernando dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando dijo...

Alfredo, comparto contigo el gusto por Omega y la aseveración de que hoy el flamenco está más vivo que nunca gracias a Morente.

Sus aportaciones a la música actual, y a mantener el acervo popular en estilos aparentemente tan distantes del mismo como el rock, el noise pop o el rock progresivo son muchas.

"Jota" el cantante de Los Planetas (grupo granaíno) descubrió el flamenco de su mano, y tras varios años recluido escuchando los clásicos sacó a la luz dos obras de arte "La leyenda del espacio" y "Una ópera Egipcia". El primero de ellos debe el título a Camarón, ya que "La leyenda del tiempo" de Camarón es una mirada del flamenco hacia el rock, y "La leyenda del espacio" es lo mismo pero desde el ángulo contrario, abren las estructuras del pop y el rock al flamenco.

En estos dos discos Morente acompaña a Jota e interpreta temas en solitario, en los que mezcla su quejío con densas capas de sonido que dan un resultado complejo que de primeras genera rechazo, pero una vez que te sumerges te hipnotiza por completo. También colaboró con el Sr. Chinarro, compositor, cantante y poeta Sevillano que recomiendo encarecidamente, hay que prestar especial atención a su disco "El fuego amigo" en el que Morente colabora en el tema "El rito", este sí, asequible y pegadizo.

En lo que respecta a sus colaboraciones internacionales, además de las mencionadas con Leonard Cohen, que por cierto (nota para curiosos), su hija mayor se llama Lorca, destaca sobremanera su acercamiento a Sonic Youth, grupo estandarte del rock alternativo al que fue a ver a la pasada edición del Primavera Sound junto con Jota y el Sr Chinarro. Cuenta este último que le sorprendió la apertura de Morente que, ante lo que a él ya le resultaba un poco cansino, el cantaor miraba entusiasmado y decía: “yo quiero algo así. Quiero esas guitarras, esos ambientes, esas texturas” o "Sonic Youth te atrapa sin quererlo, te coge desprevenido… No es un sonido asequible, pero, aunque no siempre, el ruido sirve para expresar determinados sentimientos que no caben en una canción clásica".

Por último, tiene gracia la visión de la mujer de Morente sobre todas estas incursiones en la modernidad, "Siempre estás con las modernuras", le decía. Gracias a estas "modernuras" hoy miles de jóvenes, entre los que me cuento, nos hemos acercado un poco más al flamenco. Gracias Enrique.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Navajo, Virgi, Isabel, Fernando, por vuestros comentarios, ampliaciones y precisiones, que enriquecen sustancialmente mis palabras. Es una suerte contar con vuestra atención.