jueves, 27 de enero de 2011

Laude


Hay palabras que llegan ¿desde dónde? para poner las cosas en su sitio.

Nos asedian con cercos luminosos y no es raro confundirlas, en medio de la noche, con sutiles estrellas de buen agüero o con destellos de ciudades naufragadas.

Hay palabras sensatas que no saben qué es la contradicción ni el contrabando.

Otras tienen el peso de la lluvia: por donde pasan dejan un rastro de tristeza.

Hay palabras de afán aventurero que gustan demorarse al pie del precipicio, acróbatas de un aire cada vez más espeso, quizás porque no quieren saber nada de redes aunque no ignoren que con frecuencia no hay nadie debajo de las máscaras.

Hay palabras, palabras y palabras.

Muchas son solo exceso. La mayoría se abstrae para no congelarse. Unas pocas tienen la fortuna de encarnar en cuerpos que respiran: sientes sus dientes blancos cuando tu sangre fluye.

Pero solo son de verdad imprescindibles las palabras que no pueden decirse.


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Imagen: inscripción frente al castillo remozado de Orgaz (Toledo).
Foto ©AJR 2010

3 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Quizá este comentario debiera estar en blanco: me he quedado sin palabras. Verdad y pureza absolutas.

Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Simplemente: me ha encantado.
Creo que es el mejor texto que te he leído.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Vayamos de blanco en blanco hasta la transparencia final... (aunque, eso sí, sin olvidarnos de las cada vez más raras y por ello más valiosas virtudes de la lentitud).

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Muchas gracias, Olga, tus palabras (todas) son siempre un estímulo grande.