jueves, 8 de julio de 2010

Universo Torrente

Seguramente el solo nombre de Torrente, tan a propósito para un escritor fecundo que bien pudiera pasar por seudónimo, hoy evoque en la multitud espectadora resonancias llenas de picaresca friqui, tremendismo y grueso humor finalmente grasiento. Son las ironías de la posteridad, ese lugar apenas conjetural que lo debe todo a su condición imaginaria (y también, en consecuencia, al poder de la imagen). Pero Torrente, nombre propio y hasta exclusivo sin marca registrada, volverá a ser (nunca ha dejado de serlo pese a las apariencias) la forma común y precisa de llamar a un universo literario: el creado por el escritor Gonzalo Torrente Ballester, de cuyo nacimiento se cumplió el pasado 13 de junio, festividad de san Antonio de Padua, el primer centenario. «Año Torrente», pues, es otro de los nombres de este 2010 tan nominado.

El «universo Torrente», con su clara estirpe cervantina pero también valleinclanesca y joyceana, es uno de los prodigios mayores que cabe atribuir, desde su impulso inicial, a esa forma peculiar, irremediable y hasta extravagante de estar en el mundo que es el alma gallega. Un impulso traducido en este caso y con natural despliegue en una actividad creadora capaz de delinear, como quien levanta el mapa minucioso de un reino legendario bañado por las aguas de la realidad, uno de los espacios imprescindibles de la lengua castellana. Y más rico por cuanto incluye paisajes y fronteras cuya condición esencial es la mixtura de hablas, la fusión de mitos, la presencia confluyente de ríos de poderoso caudal simbólico, surgidos de muy diversas fuentes y que tienen en el discurrir con libertad la única condición insustituible de su naturaleza.

Torrente puso bajo la doble clave narrativa y musical de la saga/fuga (expresión que casi designa un nuevo género literario) la puerta de acceso más ambiciosa a su mundo. Probablemente también la más lograda. Y sin duda la principal candidata a encabezar, como continente de vasta complejidad y de recorrido siempre inesperado, el recuento de los muchos tesoros que su literatura encierra.

La saga/fuga de J. B. es una obra de lectura tan difícil como generosa. El esfuerzo que pueda suponer, en algún momento, la fidelidad a las desmesuras del texto y a sus infinitas revueltas, en seguida se ve recompensado, además de por la propia ganancia que la aventura (lectura) encierra en sí misma, por el hallazgo frecuente de pepitas de oro en forma de revelaciones insospechadas o sugerencias de altos vueltos. Y más todavía por la sensación impagable que todas las grandes obras nos provocan: saber que están escritas personalmente para nosotros, que somos sus destinatarios si no exclusivos sí imprescindibles. Absoluta generosidad del arte que se da para todos, sí, pero también y de forma especial para cada uno.

El impulso del centenario de Torrente Ballester, y acaso también el final de la década de «purgatorio» tras su muerte (27 de enero de 1999), están multiplicando la presencia del escritor ferrolano-salmantino en actos y exposiciones, al tiempo que las ediciones renovadas de sus libros hacen posible la llegada de su obra a nuevos lectores.

Algunos vidriosos asuntos de corte ideológico, por lo común ligados a la afiliación que el escritor tuviera en las fuerzas de Falange, resultan no sé si solo anacrónicos o completamente irrelevantes para que desde ellos pueda arrojarse sospecha alguna de impostura sobre su obra. Lo cierto es que estas «revelaciones» de la memoria histórica, cuya difusión es pertinente aunque su significado resulte espurio, a menudo se presentan bajo una vitola sensacionalista (incluso cabría hablar en algunos casos de "manipulación") que, más que aclarar algo sustancial, contribuyen a embotar la compresión del sentido desde el que cabe enjuiciar ciertas actitudes. Y son además un buen caldo de cultivo para la proliferación de tópicos mostrencos, tal vez el más letal de los virus que atacan la facultad del pensamiento libre. No muy distinta, por ejemplo, me parece la problemática (ofuscada además en este caso por el prejuicio nacionalista) que impide que Cunqueiro sea asumido de una vez por todas, desde dentro y sin complejos, como el gran creador gallego que es.

Torrente Ballester, su obra, está por fortuna más allá de esas zaragatas de escasas miras, y su significación como creador de mundos crece en círculos concéntricos que cada vez incluyen mayores espacios en el mundo libre de la imaginación (o la «fantasía», como tal vez hubiera preferido decir el escritor y como sin duda hubiera dicho también mi abuela, gallega como él).

El vídeo del ministerio de Cultura que aquí dejo nos ofrece un sugestivo autorretrato del escritor.


Imagen superior:
Torrente Ballester fotografiado en 1997 por Chema Conesa. Tomada de el mundo.es


7 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Certera y ponderada entrada en torno a Torrente Ballester, uno de los escritores que más me han hecho disfrutar de la lectura.

Un abrazo.

Navajo dijo...

Recuerdo la fascinación de aquella Castroforte del Baralla (no muy lejana del mítico Macondo), y el humor loco que como un tercer río, éste subterráneo, recorría las páginas de la "Saga-Fuga" (me anoto su relectura). También recuerdo que era entonces mucho más joven (¡aquellos años 1970!) y que en el futuro que se anunciaba todo era posible.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio y Navajo. He andado estos días algo al margen de la ciberrealidad, aunque sin dejar de bogar entre el Mendo y el Baralla. Celebro que, una vez más, compartamos querencias literarias.

cristal00k dijo...

Siempre buenas tus reseñas literarias amigo.
Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Cristal. Biquiños.

Shandy dijo...

Alfredo, "recunco" en esta excelente entrada. A Torrente Ballester le hubiera gustado leer esa acertada y poética definición de su mundo narrativo:" El mapa minucioso de un reino legendario bañado por las aguas de la realidad"
Miope mirada la que confunde vida y obra de un escritor.Las bondades de una obra no se miden por las bondades o maldades de la vida de su creador. Y en todo caso, las acusaciones ideológicas que se le pueden hacer a Torrente, aunque tengan su fundamento, no oscurecen su persona ( menos su obra).
Wenceslao Fenández Florez (que se iba de putas con los amigos militares del general) nos legó "El bosque animado". Y Cunqueiro toda su buena poesía,su narrativa, su humor, su sabiduría... Pero sí, fue arrumbado y apartado por los nacionalistas más necios. Ahora está saliendo del "purgatorio". Y entrarán otros (a ver que pasa con Alberti).
El vídeo que has seleccionado es una joya:
Un escritor se nutre de la realidad que le rodea y ésta no tiene límites... La realidad es ambigua y contradictoria... Es tan real un mito como un partido de fútbol... Hay muchas maneras de percibir la realidad, de sentirla... No es lo mismo humor que comicidad...
Qué sabias palabras las de Torrente, y con que sencillez y claridad lo dice.
Gracias Alfredo, y también por la ponderación de tus escritos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a ti, Shandy, por tus comentarios, siempre tan minuciosos. Entre esos casos de visiones miopes a la hora de valorar a los escritores, el caso de Cunqueiro me parece especialmente significativo, por la importancia de su obra. Confiemos en que el centenario del próximo año (oficialismos, hipocresías, retóricas y "parvadas" aparte) sirva para ponerlo definitivamente en el el lugar que se merece, a mi juicio a la cabeza de la literatura gallega contemporánea: el solo es ya una literatura, un creador de mundos. Un beso.