sábado, 15 de mayo de 2010

Ramayana


A grandes males, grandes remedios. Frente a los numerosos desaguisados políticos y económicos que se están cociendo por doquier ante nuestras narices (¡huelan, huelan!) y nuestra impotencia, me parece que una forma recomendable de intentar no sucumbir al desaliento es abismarse en los 24.000 versos del Ramayana (Rāmāiaņa), una de las dos grandes epopeyas indias, verdadero compendio de tradiciones del subcontiente asiático y como tal uno de los pilares de la cultura humana.

La obra acaba de ser publicada en su cada vez más indispensable colección Memoria mundi por la editorial Atalanta, esa masía editora dirigida con su habitual mezcla de elegancia y savoir-faire por Jacobo Siruela e Inka Martí. La crítica especializada dice de ella que es la versión en español más valiosa y completa editada hasta ahora. Ha sido traducida por Roberto Frías a partir de la versión inglesa de Arshia Sattar, catedrática de la Universidad de Chicago, considerada como la mejor traducción realizada directamente desde el sánscrito a un idioma occidental.

En el excelente Prólogo de la obra, al que puede accederse desde este enlace de la edición digital de El País, se resume así su argumento:


El Rāmāiaṇa de Vālmīki cuenta la trágica historia de un príncipe virtuoso y obediente que debería ser rey y que es enviado al exilio por un ataque de celos de su madrastra. Los verdaderos problemas de Rāma comienzan cuando se interna en el bosque para vivir ahí durante catorce años, acompañado de su hermosa consorte Sītā y su devoto hermano menor Lakṣmaṇa. Sītā es raptada por Rāvaṇa, el malvado rey rākṣasa, quien la lleva a su lejano reino, en la otra orilla del océano sur. Rāma y Lakṣmaṇa se disponen a rescatarla y, en el camino, sellan una alianza con un rey mono desposeído. El consejero del rey mono, Hanumān, se convierte en el valioso aliado de Rāma y juega un papel decisivo para que la misión de rescate de Sītā sea un éxito. Al final de una sangrienta guerra con los rākṣasas, Rāvaṇa muere y Sītā se reúne con su esposo. Rāma y sus compañeros regresan a la ciudad, donde el héroe reclama el trono que le pertenece. […] El universo en el que tienen lugar los hechos queda ampliado por dioses y criaturas celestiales, dádivas y maldiciones, armas mágicas, carrozas voladoras, sabios poderosos, animales maravillosos, simios heroicos y rākṣasas aterradores. Un aspecto crucial de este universo expandido, que incluye la presencia de lo divino, es el hecho de que Rāma es una encarnación, un avatāra, del gran dios Viṣṇu. En el Rāmāiaṇa de Vālmīki, Rāma no sabe esto. Aunque los dioses están de su lado en todo lo que emprende y a menudo parece que le ayudan, a él o a sus aliados, Rāma atraviesa la historia sin saber que nació mortal con el deliberado propósito de matar a Rāvaṇa. El plan de los dioses se convierte en el destino personal de Rāma y debe ejecutarse hasta el final. Al acabar la guerra, los dioses aparecen y le revelan quién es.



Que Hanuman nos aclare la mente.


Imagen
Batalla entre los ejércitos de Rama y el Rey de Lanka.
Copyright © The British Library Board.

Fuente

11 comentarios:

Esmeralda Martí dijo...

Tiene buena pinta esa epopeya india, y si está respaldada por la editorial Atalanta, no cabe duda de que será una lectura interesante.
Buen blog.
Saludos

Fernando dijo...

"...el fervor mezquino que son todas las patrias", se me quedó prendida la frase. Bello poema, me parece respirar el mismo aire de mi ciudad.

Alfredo J. Ramos dijo...

Bienvenida, Esmeralda, y gracias. Y, en efecto, la pinta es excelente: en la línea de los dos espléndidos volúmenes de los Genji Monogatari japoneses editados en la misma colección, al igual que las monumentales memorias de Casanova. La única pega es que no son libros precisamente baratos. Un saludo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Fernando, eres muy amable y celebro la sintonía (me parece que tu comentario responde a la entrada anterior). Un abrazo filloyano.

cristal dijo...

Tienes toda la razón, Alfredo, no hay nada mejor para quitarse el cabreo que sumergirse en la buena literatura.

Habrá que esperar tiempos mejores.

Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Cristal, habrá que esperar... Otro abrazo

tagskie dijo...

hi.. just dropping by here... have a nice day! http://kantahanan.blogspot.com/

Shandy dijo...

Alfredo,ganas no me faltan de hincarle el diente, bocadito tras bocadito, saborear esos veinticuatro mil versos de la cultura oriental, siempre con esa sabiduría y la delicada sensualidad y exquisited con la que suelen contar sus poetas. Me parece un libro para poner sobre la mesa junto con otros e ir intercalando lecturas. Desde luego que en la librería lo voy a catar, y a ver quién se resiste. Intuyo su cuidada edición, la encuadernación, el papel, las ilustraciones...

Alfredo J. Ramos dijo...

Ánimo, Shandy, que todo es cuestión de ponerse... Seguro que Rama te mirará con buenos ojos.

Anónimo dijo...

Gracias por facilitar el acceso al prólogo

Alfredo J. Ramos dijo...

De nada, Anónimo. El texto lo merece, por documentado y claro, una excelente puerta para acceder a la obra.