sábado, 1 de mayo de 2010

Marilyn


«El Acento», esa sección sin firma, a modo de comentario editorial ligero y alternativo, que la edición impresa de El país incluye junto a sus editoriales serios y el impagable oráculo diario de El Roto, pone hoy su ídem en la figura de Marilyn Monroe. Y lo hace con el buen tino y la gracia habituales de esta sección que poco a poco se está convirtiendo en una de mis favoritas. Un oasis entre la espesa y casi siempre enojosa prosa (aunque disculpable si se tiene cuenta la materia y los personajes que suelen circular por el patio de lo noticioso).

El artículo y la noticia que contiene (la publicación en breve de poemas, fragmentos de diario y otros escritos de Norma Jean) me han traído a la memoria la conocida foto que encabeza estas líneas (de hecho se cita en el artículo). La imagen nos muestra a la actriz (aunque no como actriz) absorta en la lectura del Ulysses, avanzando ya de forma completamente entregada por sus páginas finales, quizás atrapada en las redes gibraltareñas y ensoñadoras de la memoria de Molly Bloom.

La foto, tomada en 1955 por la fotógrafa Eve Arnold, ha sido con frecuencia interpretada como una irónica “alianza de contrarios”: la belleza descerebrada confrontada con la inteligencia árida e incluso fea. A veces también ha servido para ilustrar campañas de animación a la lectura de tintes paternalistas y hasta machistas («si ella puede, cualquiera puede»). Ese fue, al parecer, el objetivo del reportaje de Arnold.

Ambas consideraciones contienen, al menos, un error de bulto. O, más exactamente, muestran el efecto de los muchos estragos mentales que causa la asunción alegre de los tópicos. En este caso, que la belleza física y el glamour están reñidos con la inteligencia, o que ésta difícilmente puede sobrevivir en un cuerpo espléndido..., lugar común este último que a la postre viene siendo verdad, pero por el otro lado, por dimisión del cuerpo, que es materia más quebradiza.

Ya sabíamos que Marilyn, pese a lo que con ella trataron de hacer algunas películas (y más aún algunos críticos), no era la muñequita rubia, ingenua y vacía, ideal para ilustrar el reclamo miope del “sé bella y cállate”. Ahora, al leerla, incluso podremos levantar, guiados por su propia mano, algunos velos de su sensibilidad. Seguro que darán pie para entender un poco mejor el inmenso poder de su mito. Y seguro, también, que escribiera como escribiera, la seguiremos amando por lo que fue y será siempre: la novia más carnal de nuestros pocos años.

Ha llegado mayo y vuelve Marilyn. ¿Quién dijo crisis?

Dejo una secuencia no por conocida menos inolvidable de Con faldas y a lo loco. El final del vídeo, por cierto, contiene una elocuente ilustración de la ingeniosa frase de Carmen Martín Gaite que se cita en «El Acento».

8 comentarios:

Luisa Arellano dijo...

¿Quién nos asegura que el libro no sea también obra de los que construyeron al mito?

Me temo que será difícil dejar pasar a la Norma Jean, escritora y encajarla con Marilyn. El mito Marilyn se comió a dentelladas a Norma...

cristal00k dijo...

Los mitos siempre son crueles con quien los encarna. No podría estar más de acuerdo con el comentario de Luisa.
Pero sería bonito creer en la magia no? y recuperar de una vez por todas al alma ingenua y atormentada que vivía ahí dentro... en ese chasis que siempre la marcó de forma ambigua y confusa.
Me encantan tus reseñas Alfredo.
Abrazos.

Navajo dijo...

Desconocía la muy acertada teoría de Martín Gaite respecto a los puntos de contacto entre Marilyn y Emma Bovary, que se intensifica al enfrentar al desgraciado Charles Bovary con Joe Di Maggio, marido fiel mil veces herido por la bella. Personalidad autodestructiva, pero también posiblemente destructora, debió ser un calvario para aquellos, pocos, que en verdad la amaron, y a los que ella, casi con seguridad, correspondió con cicatería, entregándose sin embargo a cualquier relumbrante rapaz que acertara a cruzarse en su camino, incluido en este grupo aquel desagradable y dudoso individuo, Mr. President, a quien la imprevista muerte también convirtió en mito.
No me resulta difícil creer que Marilyn tuviera una veta melancólica; si apartamos por un momento la mirada de sus curvas y la fijamos en los ojos, es posible vislumbrar en ellos una negra melancolía, cuando no una profunda tristeza. De hecho, la Marilyn de “Con faldas y a lo loco” (¡vaya título ramplón!) es un personaje triste, al borde del alcoholismo, marcado por las decepciones y con un oscuro futuro por delante. El vídeo que incluyes al final de la entrada recoge en buena medida esa tristeza, perfectamente dosificada por Marilyn, que la cantante siente al empezar a sospechar que su enamorado millonario, otra decepción más, tampoco irá a buscarla.
Respecto a esos diarios tan oportunamente recuperados, justo cuando la imagen virtual de la actriz está siendo usada nuevamente como argumento publicitario, dudo mucho de la honradez de la iniciativa y no creo que vayamos a descubrir ahora a una Sylvia Plath de carnes abundantes, capaz de escribir aquello de “La mujer ha llegado a la perfección/ Su cuerpo/ muerto viste la sonrisa de la realización/ La ilusión de una necesidad griega/ fluye de los pergaminos de su toga/ Sus pies/ desnudos parecen decir/ hasta aquí hemos llegado, se acabó”.

Alfredo J. Ramos dijo...

El temor del montaje (como también apuntan CristalOOk, Navajo y sin duda el escamado sentido común) parece muy razonable, Luisa. Pero habrá que ver que da de sí la publicación. Y probablemente sea como dices en cuanto a lo del personaje "real" devorado por el mito, aunque no deja de ser curioso que, a la luz del mito, incluso Norma Jean, su infancia por ejemplo, tenga a su alrededor aspectos de tinte semilegendario.
Gracias por tu visita.

Alfredo J. Ramos dijo...

Navajo, bien venido de la travesía oriental. Se ve que regresas con las pilas bien cargadas. Me parece muy convincente tu retrato de Marilyn, suposiciones incluidas (aunque creo que eres excesivamente duro con JFK). Por lo demás, tampoco yo creo que esos documentos que verán pronto la luz vayan a poder competir con los poemas póstumos de la Plath. Tal vez tuvieran más que ver (de tener algo) con el "diario conyugal" que, al parecer, destruyó Ted Hughes, y eso sólo por la mera coincidencia de que ambas compartieran en algún momento su vida con escritores (seres maniáticos donde los haya). Pero, en fin, tampoco creo que se pudieran encontrar muchas similitudes entre Arthur Miller y el autor de Cuervo (habría que pensarlo despacio o preguntarle a Jordi Twelve).

En cuanto a lo de las traducciones "ocurrentes" de títulos de películas, tal vez diera para una entrada recopilatoria interesante y hasta festiva de "Claqueta y acción"... Anímate, que lo leeremos con gusto.

Alfredo J. Ramos dijo...

(Repito comentario suprimido por «roído por erratas»)

Gracias, Cristal, siempre con mirada amable. Y como dices, aunque sea una postura ingenua, ¿por qué no esperar alguna "novedad" que contribuya a perfilar mejor el retrato del personaje? Es bien sabido que las mitificaciones también tienden a solidificarse en forma de lugares comunes y otros tópicos pedregosos. Gracias por pasarte.

Shandy dijo...

Es posible que todo sea una construcción para seguir vendiendo otra cara del mito, pero me puede la curiosidad, ¿qué puede haber detrás del mito bello y frívolo que todos conocemos? Algunas imágenes de Marilyn me despiertan ternura, transmiten cierto desamparo y melancolía. No espero una gran poeta, tal vez una mirada personal. La campaña "Si ella puede, tú puedes", me parece desacertada y desafortunada. Diría que casi una falta de respeto a Marilyn y al lector.
Marilyn, como tú dices, no dejará de ser amada, su rotunda semsualidad forma parte de un imaginario colectivo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Comparto tu opinión, Shandy. Muchas veces la publicidad (y está en todas partes) transita por caminos llenos de prejuicios, aunque nunca sabremos si no es eso precisamente lo que se busca: sorprender al presunto cliente en su propio terreno y, si es posible, en sus fantasmas íntimos. Gracias por comentar.