domingo, 24 de mayo de 2009

Frases para Ullán

Leo con sorpresa y pena la noticia de la muerte del poeta José-Miguel Ullán. Le debo en gran medida el descubrimiento de que la poesía podía ser otra cosa, además de lo que sugerían los romances que oía de niño o las convenciones aprendidas en las clases de literatura del bachillerato. Hacia 1975, en la atípica pero bien surtida «librería» del Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid (el célebre Johnny, hoy amenazado de extinción), donde yo residía por entonces, me salió al paso su libro Frases, editado por el Taller de Ediciones JB. Si bien era ya el sexto o séptimo título publicado por el poeta, para mí supuso una completa revelación tanto de su nombre como de su obra. El libro llevaba en la portada una foto de Arthur Rimbaud niño que probablemente yo veía entonces por primera vez.


No lo recuerdo bien, pero me parece que esta obra había suscitado una pequeña polémica en relación con la concesión y el rechazo de un premio de la llamada Nueva Crítica, circunstancia de la que se hacía eco la faja con que se presentaba, en la que dicho reconocimiento aparecía tachado. No sé si algún amigo o colega de entonces me recomendó el libro. Es probable que hubiera leído en la prensa alguna noticia al respecto de la polémica y ello me llevara a interesarme por él y hojearlo.

Al abrir sus páginas enseguida saltó la sorpresa: tras una cita de Rimbaud –del que yo entonces conocía poco más que el nombre– y unos grabados sugerentes, con cierto aire de dibujos primitivos, la obra consistía en una sucesión de breves frases enmarcadas, a veces dando la impresión de que se tratara de fragmentos de un texto más amplio o de una conversación; páginas repletas de ordenados grafismos con apariencia de escritura china o japonesa; e, intercalados entre unas y otras, curiosas o sencillas fotos de objetos y escenas diversas: un grifo vertiendo agua, una cama deshecha, un vaso de leche sobre una mesa , una máquina de escribir eléctrica, un hoja manuscrita, una percha de plástico, una silla plegable, un fumigador… Y todo ello impreso con una tinta marcadamente azul.

Las imágenes ocupaban toda la mancha de la página e iban flanqueadas por alguna de las frases enmarcadas o enfrentadas con los grafismos orientales. Todas las fotos, incluidas algunas que mostraban paisajes urbanos vistos a través de una ventana, eran escenas de interior. Algunas tenían un indudable carácter teatral, incluso grotesco. Me parecía que su objetivo artístico era  componer una pequeña crónica de la vida cotidiana del autor, algo así como el paisaje doméstico en el que había surgido aquello. 

Recuerdo que pasé muchas horas buscando interpretaciones posibles de las frases («llega la hora en que hay que pensar bien las cosas»; «pero sabemos poco o nada de las fiestas nocturnas»; «con mucha dificultad dominaba mi turbación»; «eso no se lo pude discutir…»), comprobando cómo sus significados se abrían hacia múltiples sentidos a través de la colisión o la superposición con las imágenes. Y que de esa confrontación y de mi propios estados de ánimo surgían impresiones más o menos fugaces, y sensaciones de índole diversa, muchas veces divertidas, otras inquietantes, en ocasiones incluso dolorosas…

De aquellas cavilaciones y de la frecuentación del libro nació, además de mi interés hacia la figura y la aventura del muchacho retratado en la cubierta –una pulsión que me ha acompañado desde entonces–, el contacto con lo que más tarde supe que se llamaba «poesía visual» y que, con su apariencia de novedad rupturista en la España del final del franquismo, en realidad estaba relacionada con las corrientes vanguardistas de las primeras décadas del siglo xx, de las que poco después oiría hablar, con bien fundado conocimiento y quizás cierta fatiga existencial, al profesor Vintila Horia en las clases de literatura contemporáneoa de la Facultad de periodismo.

Desde aquel momento, José-Miguel Ullán, cuya obra y peripecia vital posterior he seguido con interés, se convirtió para mí en sinónimo de modernidad, de amplitud de perspectivas, de capacidad de ver las artes en conexión. No siempre me han gustado o he entendido bien sus escritos. Pero le debo, aparte de las aquí descritas, muchas pistas y revelaciones sobre poetas (Lezama Lima, Valente), pintores o –¡también!– grandes intérpretes de la copla española, o de la canción pasional latinoamericana, así como el disfrute de la inmensa capacidad de juego, ironía, delicadeza vital y una gran valentía moral y estética volcadas en las ondulaciones de su obra.

Hace unos meses, tras pasar un buen rato zascandileando por el contundente y hermoso volumen de su poesía reunida, se me ocurrió este doble haikú humorístico –y quizás con cierto fraseo de deje salmantino– que me atrevo a copiar aquí como sencillo homenaje a un poeta cosmopolita a la vez que –en su dicción– hondamente castellano.

Qué perullán:
el poeta se oculta
sin concesiones.

Más se le notan
por bajo de las sayas 
ondulaciones.

Ondulaciones que seguiré leyendo porque crean a su alrededor un poderoso campo gravitatorio. 

6 comentarios:

cristal00k dijo...

Siempre hay gente que nos referencia de manera especial.
Solo le conocía por su labor de periodista, nada sabía de su `poesía- Habrá que investigar.
Saludos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Cristal. La verdad es que este mes de mayo, como sabes bien, está siendo terrible. Un fuerte abrazo.

Antonio del Camino dijo...

No están los tiempos para perder poetas, y, como bien dices, "el mes de mayo está siendo terrible". Ya sean poetas de voz coloquial o tan herméticos, como pudiera serlo (o parecerlo) Ullán, todos son necesarios. La única manera de mantener su llama, es continuar leyendo su Poesía.

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

A ver si cede la racha, Antonio. Gracias por la visita (¡y por la mayúscula publicidad desde tu blog!: ya hablaremos de honorarios). Un abrazo.

Addison de Witt dijo...

Muchas gracias por la corrección. Y de paso, por tu artículo.

Alfredo J. Ramos dijo...

En el "Blog de redacción" de la revistas Letras Libres dejé este homenaje (improvisado) al poeta:

A Ullán, allá donde se encuentre...

Ullán hermético,
Ullán mallarmeano,
Ullán místico,
Ullán visual,
Ullán profundo,
Ullán pictórico,
Ullán quimérico,
desértico Ullán.

Ullán mántico,
Ullán proteico,
Ullán sinuoso,
Ullán fractal,
Ullán alegre,
Ullán campestre,
Ullán heroico,
preciso Ullán.

Aquí y allí
allá y acá,
acaso no haya habido
-en estos raudos tiempos
de estela tan fugaz-
caletre castellano
más cabal.

Ullán, un puente:
el agua
no se lo llevará.

AJR
10 de junio