viernes, 17 de abril de 2009

Bacon con queso



Probablemente sea un dato ampliamente conocido, pero yo acabo de enterarme mientras veía la exposición de Francis Bacon en El Prado (o mejor dicho, el vídeo* de una de las entrevistas que le hizo David Sylvester que se exhibe en ella). Y estoy sorprendido e incluso estupefacto.
Resulta que el pintor británico, que debe buena parte si no de su fama artística sí de su popularidad a los numerosos estudios o versiones que hizo del Retrato de Inocencio X de Velázquez, ¡nunca llegó a ver directamente el cuadro original! Éste, como es sabido, se encuentra en la Galería Doria Pamphilj, de Roma, y pese a que Bacon residió hasta durante dos meses seguidos en esta ciudad, no se «atrevió» a enfrentarse cara a cara con él. Todas sus interpretaciones de la obra se basan, por tanto, en reproducciones contempladas en libros, postales o revistas. De hecho, como se explica en la exposición, cuando hizo la primera representación sólo conocía la imagen del cuadro de Velázquez en blanco negro…
No sé si de este dato (suponiendo que no sea una “broma” del artista) se puede extraer alguna conclusión interesante. Pero la verdad es que a mí me ha producido por un momento la sensación de que Bacon, además de atreverse a retratar la condición humana en todo su despojo, poseía un muy oscuro sentido del humor.
Por lo demás, la exposición (que ya está en sus últimos días) es toda una experiencia. Quizás vuelva sobre ella y sobre el artista en otra ocasión.

* Parte de la entrevista de Sylvester (aunque sin los subtítulos con los que se exhibe en El Prado) puede verse aquí.
Francis Bacon: Estudio del retrato del Papa Inocencio X de Velázquez, 1953. Óleo sobre tela, 153 x 118,1 cm. Des Moines Art Center. Iowa, Estados Unidos.

2 comentarios:

manolotel dijo...

Verdaderamente la anécdota, suponiendo que fuera cierta, da bastante que pensar en cuanto a la personalidad del pintor. Sería cuando menos chocante que la obra que más popularidad le dió fuera la que menos de cerca conocía. Que no quiere decir que fuera la que peor conocía.

No sé donde he leido que lo que Bacon representaba en los rostros era el resultado de aplastar con una mano esas caras y deformarlas para que sacar a la superficie el mister Hyde que todos llevamos dentro.

De todas formas lo poco que conozco de su obra me parece lo suficientemente inquietante, para que suscite en mi interes y la curiosidad por ver esa exposición (que no sé si va a poder ser).

Lo que sin duda será interesante, aun en el caso de que pueda ir a verla, es ese punto de vista del observador en primer plano sobre el que espero que vuelvas en un nuevo post.

Un abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

Eso fue lo que me pareció sorprendente, Manolotel: no sólo es la obra que más fama le ha dado, sino que hizo alrededor de ¡45! estudios o variaciones del retrato velazqueño, que es en sí mismo un prodigio de representación, y por tanto suficiente para explicar la fascinación baconiana. Aunque no lo sea para dar cuenta de esa extraña renuencia a contemplarlo "en directo". Lo que dices de la peculiar forma en que Bacon retrata los rostros (incluido el suyo propio) ha dado pie a muchos comentarios, y sin duda es uno de los aspectos más inquietantes de sus obras; incluso algunos han visto en las propias fotografías del pintor (muy numerosas a lo largo de su vida) una especie de superposición de máscaras de diferentes edades que no llegan a fundirse. Podría extenderme con datos recientes al respecto, pero prefiero seguir indagando antes de extraer conclusiones. En todo caso, sí te diré que la exposición (que lamentablemente ya ha concluido; pero quizás no tarde en haber otras oportunidades) me afianzó en una impresión que ya tenía a raíz de contemplar sus obras en la Tate Modern de Londres hace tres o cuatro años, y que me volvió a sorprender al ver uno de estos Inocencio X en los Museos Vaticanos (sí, tal cual) en las últimas Navidades: Bacon ha sabido retratar cierta parte maldita de la condición humana a través de una precisa obsesión por los estragos de la carne de una forma valiente y brutal, y también extrañamente compasiva. Eso se ve sobre todo en algunas obras aún no sometidas a la "marca de fábrica", antes de que cierto manierismo perceptible en sus últimas creaciones hiciese acto de presencia, es decir, mientras fue capaz de traspasar al lienzo la tensión con que sin duda vivió. Espero poder volver sobre este asunto (desde una visión, claro, de mero aficionado) y ordenar algunas impresiones que me parecen sugerentes. Tu interés, que te agradezco, es un acicate más para hacerlo. Un abrazo, amigo.